Una vez, no sé cuando, la pieza al fondo de la casa se llamó “la pieza del ciervo”. Nadie sabe porqué o por lo menos no tiene la precisa; algunos dicen que había un banderín con la figura de un ciervo y por eso se llamó la pieza del ciervo.
Lo cierto es que un mito no tiene fecha de comienzo ni de fin. A mí me contaron o creí escuchar otra versión.
Un día, los 4 hermanos escapamos de la pieza por la ventana que daba al patio interior del departamento, subimos al alero y de ahí ganamos la calle por el pasillo de los departamentos en serie.
Era la hora de la siesta de los grandes y del sueño de grandes aventuras de los chicos.
Caminamos varias cuadras hacia un parque de la ciudad, el parque Saavedra, curioso destino de distracción y de dolor, una encrucijada humana por la alegría del parque, con sus juegos y su espejo de agua con la glorieta que hacía de sostén de unas plantas trepadoras y el hospital de niños justo al frente de una de sus alas, con el dolor y la esperanza de sanación.
Nuestra aventura consistía en alcanzar los árboles de mora que crecían en el parque en un lugar protegido por una reja que no era un obstáculo para nuestra habilidad de trepar muros montados en zapatillas aladas.
Solo un temor al placero inquietaba, pero de todos modos, nos hacíamos de las moras y las colocábamos en una caja de zapatos; como si fuese la aventura del vellocino de oro, tomábamos los frutos de los árboles para dar de comer a los gusanos de seda que esperaban en el departamento también en una caja de zapatos y a quienes alimentábamos ni bien llegábamos de nuestra aventura de “niñonautas”.
Seda y oro, barro y gusano, curiosa mezcla de carne e incienso, de oración y de pecado como los mitos de recolección de los aromas de oriente, como las historias de piratas y de héroes.
Una noche ocurrió algo que no estaba en los planes: había un ciervo que con sus cuernos nos acercó la luna hasta la ventana y trepamos hacia ella, descubrimos los secretos de sus huellas de queso, mucho antes que las huellas del hombre del norte.
¡Era fantástico, las estrellas estaban al alcance de nuestras manos; jugamos en la cara de la luna y hasta cominos un pedazo!
Había niños como nosotros, entrando y saliendo de un laberinto, montados en el lomo de un minotauro que respiraba y resoplaba feliz en el jardín de aquel lugar de ángeles que comen pizza y que bailan en el viernes del segundo hogar.
Y al amanecer, entre luces y sombras que se cruzan en el limbo de los ojos, los cuatro hermanos fuimos testigos de una súbita metamorfosis : el ciervo comenzó a perder su hermosa corona de cuernos, sus pelos, sus patas, su cola y a medida que lo hacía, iba tomando forma humana, piel humana, cara humana, calor humano, cuerpo humano, dignidad humana; la metamorfosis era completa solo por un detalle: no había maldad en su alma como tampoco lo había en los otros habitantes del jardín del cielo.
Nos dimos cuenta, que esta persona sin maldad en el alma, necesitaba un nombre...Y lo llamamos Esteban.
Fuimos a despertar a nuestros padres y con gran entusiasmo, gritamos a cuatro voces: -¡tenemos un nuevo hermano y lo llamamos Esteban, nos trajo la luna y los sueños de estrellas y aquella profecía mas antigua que la piedad de los hombres, que habla de un reino donde los ángeles, montados en hipocampos dorados, riegan las flores tan blancas, que los mortales, al tocarlas, se vuelven luz!
Ellos nos miraron, se tomaron un tiempo para responder: -Lo sabemos, nosotros lo bautizamos Esteban, hace ya mucho tiempo; tiene la edad de la luna, la misma que la pieza del ciervo, aquella que está en el jardín del cielo.
Marcelo Ocampo
lunes, 14 de junio de 2010
Y lo llamamos Esteban (La pieza del Ciervo)
jueves, 3 de junio de 2010
MITO DE LA ATLÁNTIDA
Mapa sobre la reconstrucción del Imperio de la Atlántida Ibero-Mauretana, según Georgeos Díaz-MotexanoFuente: Windows Live
Las primeras referencias a la Atlántida aparecen en los textos del filósofo griego Platón, según el cual fue sumergida 9.000 años antes bajo el océano como consecuencia de un terremoto. Según Platón, estaba situada tras los Pilares de Hércules (nombre antiguo del Estrecho de Gibraltar).
El mito de la Atlántida se encuentra en dos diálogos de Platón, al principio del Timeo y en un relato inacabado en el Critias.
(Timeo nació en Locres, Grecia, en el Siglo V a.C. y era un filófoso importante y amigo de Platón).
(Critias (360 adC, un sofista tío carnal de platón, que formó parte del gobierno de los 30 tiranos).
El comienzo del Timeo, describe los orígenes y la forma de la Atlántida a Sócrates y sus invitados. A Critias, el relato le llega a través del legislador ateniense Solón, quien a su vez recibió la historia de parte de Sonkhis, un sacerdote de Sais durante una visita del legislador ateniense a Egipto, según versión de Plutarco.
En ambos diálogos, Critias, invita a Sócrates a escuchar un relato muy extraño, absolutamente verdadero, de cómo luego del diluvio, sobrevivieron Decaulión hijo De Prometeo y Pirra, hija de Epimeteo (casamiento entre primos hermanos) y la genealogía de sus descendientes que Solón le cuenta al sacerdote egipcio y éste le dice que los griegos son siempre niños, porque recuerdan solo un diluvio y tuvieron en verdad varias catástrofes por fuego y agua y cada vez que comenzaban no tenían una tradición escrita durante varias generaciones. El relato del sacerdote a Solón sigue con el recuerdo de la antigua Atenas, que estaba en el apogeo de su desarrollo y de su gloria, dominaba el mundo mediterráneo y se imponía por sus costumbres sensatas y la mejor organización política de la región.
Una vez su ejército detuvo la invasión de un enorme imperio, que del otro lado de las columnas de Hércules, en pleno mar atlántico, quiso apoderarse de manera insolente de toda Asia y Europa; era una isla de gran pujanza más grande que Libia y Asia menor juntas, llamada Atlántida.
Critias, relata que los antiguos dioses griegos dividieron la tierra de tal forma que cada dios pudiera tener una parte, eligiendo Poseidón la Atlántida. Según los egipcios, se trataba de una isla de unos 3000 por 2000 estadios, que son aproximadamente 600 por 400 kilómetros. Poseídón se enamora de una mujer que vivía en una montaña de la isla, "Él también tuvo y crió cinco pares de niños gemelos masculinos; y dividiendo la isla de Atlántida en diez porciones, dio al primer nacido del par de mellizos mayores la morada de su madre y le asignó todo lo circundante, que era lo más grande y mejor, y lo hizo rey sobre el resto; a los otros los hizo príncipes, y les dio autoridad sobre muchos hombres, y de un territorio grande.
Con una clarividencia aguda y lúcida, veían ellos que todas esas ventajas se ven aumentadas con el mutuo afecto unido a la virtud y que, por el contrario, el afán excesivo de estos bienes y la estima que se tiene de ellos hacen perder esos mismos bienes, y que la virtud muere asimismo con ellos. De acuerdo con estos razonamientos y gracias a la constante presencia entre ellos del principio divino, no dejaban de aumentar en provecho de ellos todos estos bienes que hemos ya enumerado.
Pero cuando comenzó a disminuir en ellos ese principio divino, como consecuencia del cruce repetido con numerosos elementos mortales, es decir, cuando comenzó a dominar en ellos el carácter humano, entonces, in capaces ya de soportar su prosperidad presente, cayeron en la indecencia.
Y el dios de los dioses, Zeus, comprendió qué disposiciones y actitudes despreciables tomaba esa raza, que había tenido un carácter primitivo tan excelente. Y quiso aplicar un castigo, para hacerles reflexionar y llevarlos a una mayor moderación.
Con este fin, reunió él a todos los dioses en su mansión más noble y bella: ésta se halla situada en el centro del Universo y puede ver desde lo alto todo aquello que participa del devenir. Y habiéndolos reunido, les dijo...
Así acaba el relato platónico en el Critias.
En el timeo, Sócrates había conversado el día anterior con Timeo y Hermócrates y retomando las conclusiones de la República, había expuesto lo que según él era las más prefecta constitución sociopolítica. Sin embargo, se pregunta si este estado ideal se corresponde con algo real. Entonces Critias responde sí, que recuerda aquel relato transmitido a su abuelo por Solón que lo recibe del viejo sacerdote egipcio: Atenas conoció hace 9.000 años una constitución semejante.
ANÁLISIS
Siguiendo a Luc Brisson, citado por “DROZ G. Los mitos Platónicos. Editorial Labor, 1993”, hay elementos distintos en las dos ciudades es decir la comparación de las mismas, Atenas y Atlántida, arrojan las siguientes diferencias:
En la Atenas primitiva, las divinidades políades eran Atenea y Hefeso, de origen autóctono. Los recursos provenían de la agricultura y de la artesanía y las riquezas eran limitadas, en función de las necesidades. Todavía no era la Atenas cosmopolita con el poderoso puerto Pireo, mas bien era de mediano tamaño equilibrada y se valía de sus propios recursos. Estaba organizada políticamente en clases sociales.
En cambio La Atlántica tenía como dioses políades a Poseidón y a Clito. Poseidón había perdido el intento de conquistar Atenas frente al olivo de Atenea.
Los orígenes estaban en los reyes atlantes, nacidos de Poseidón y de Clito y los recursos los obtenían de su poder marítimo y del comercio exterior, que posibilitaban el desarrollo urbano de puertos y de canales.
La gran ciudad era en verdad un Imperio insular con sed de conquista, sometimiento de otros pueblos, ¡hegemonía neoliberal en la antigua Grecia!
En cuanto a la organización política, estaba dividida en clases sociales pero desde la sociología, se veía la perversión por el dinero y por deseos de poder.
Las imágenes de la tierra y del mar se hacen visibles, Atenas una ciudad autosuficiente con gran desarrollo de la agricultura quizás en los tiempos de Erecteo, sexto rey de Atenas, según el relato de Critias.
En contraposición la Atlántida es una potencia marítima orientada al exterior, con gran avidez económica. Pese a que Atenas detuvo el avance de esta potencia, el Timeo termina así “Durante un día y una noche horribles, todo vuestro ejército fue tragado de golpe por la tierra y asimismo la isla Atlántida se abismó en el mar y desapareció”.
Es posible que la Atlántida sea un mito alegórico de Platón, que la ciudad de Atenas y el imperio de la Atlántida, se encuentren fuera del tiempo (Atenas primitiva) y del espacia (Atlántida).
Quizás todo el relato sea una lección moral de Platón que compara la Atenas del siglo V y IV, con gran corrupción, con el gobierno de los treinta tiranos, con el redescubrimiento y el contacto con oriente, que había sido destruido por las invasiones dorias para entrar en la edad del hierro. Durante los siglos VII y VII la economía se vuelve al exterior, hay gran intercambio con Anatolia y con Lidia y sobreviene la opulencia aristocrática, el poder de los feudales da paso al poder de los granjeros.
Si Platón se refería a estos cambios, entonces la analogía con la Atlántida es patente y se puede trazar una genealogía de la moral y la degradación de principios éticos y morales.
En la época de los treinta tiranos, de los cuáles Critias era uno de ellos y había persecuciones ideológicas, el juicio de Sócrates es un ejemplo y la intolerancia religiosa se muestra en la mutilación de los Hermes sagrados en el 415 a.C.
En el contexto histórico, la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.) entre griegos, es citada como de gran influencia en la obra de Platón.
La devastación de los campos por los enemigos provocó, además de una falta inmediata de alimentos, que éstos no pudieran volver a ser cultivados, lo que llevó a la ruina a toda una clase social, la de los pequeños propietarios.
La decisión política de las plantaciones se soja en detrimento de trigo en Argentina, con grandes pooles de siembra y de poderosos intereses económicos, con los pequeños productores vendiendo sus campos, tiene una analogía con el mito de la Atlántida.
Platón podría haber evocado, según otros pensadores, la potencia marítima de Creta en tiempos de Minos y su posterior desaparición por invasiones de otros pueblos y el hundimiento por el desastre del Tsunami de Thera, alrededor del 1550 ac de la gran civilización minoica.
Los primeros griegos que realizaron largos viajes —escribe Herodoto—, estaban familiarizados con Iberia (España) y con una ciudad llamada Tartesos, “... más allá de las Columnas de Hércules...” a la vuelta de la cual los primeros comerciantes “obtuvieron un beneficio mayor que el conseguido por griego alguno antes...”
En otro pasaje de sus obras, Herodoto habla de una tribu llamada Atarantes y también de otra, los Atlantes,
“... que toman su nombre de una montaña llamada Atlas, muy puntiaguda y redonda, tan soberbia, además, que, según se dice, la cumbre nunca puede verse, porque las nubes jamás la abandonan, ni en verano ni en invierno...”.
Mas allá de toda especulación acerca de la ubicación o de una probable ciudad invisible, fuera del tiempo y del espacio, el asunto del mito de la Atlántida, es el devenir del hombre según el principio divino y la tyké o porción del destino que el hombre puede modificar. Este devenir del hombre en el mundo contraponiendo la virtud “arethé”/shoprosyné (cordura moral, libertad para hacer no más que lo permitido en cada oficio) con la riqueza,aphrosyne, es la lección moral de Platón.
Antes de edificar la comunidad sobre su ley propia, antes del gesto refundador y la educación ciudadana, el régimen de vida de la politeia ya está dibujado en hueco en la fábula de los trabajadores que no deben ocuparse de otra cosa que sus propios asuntos, no apartarse de su naturaleza. La virtud de no hacer más que eso se denomina sophrosyne. Las palabras templanza o moderación, por las cuales uno está sin duda obligado a traducirla, enmascaran tras pálidas imágenes de control de los apetitos la relación propiamente lógica que expresa esta "virtud" de la clase inferior. La sophrosyne es la réplica estricta de la "libertad" del demos.
Según Sócrates, no se puede obedecer a dos amos el dinero o la virtud, reflejando un conflicto de intereses esto es, un enfrentamiento entre dos fuerzas morales de valor contrario donde una necesariamente una es buena y otra es mala.
CONCLUSIÓN:
De esta manera Platón quiso advertir a sus conciudadanos que de seguir la política del dinero, la corrupción y la injusticia, igual que los habitantes de la Atlántida que luego de un pasado digno y justo, habían sucumbido a la riqueza y habían abandonado la virtud, el destino sería el mismo para Atenas, si esta se empecina en colmar de puertos, arsenales, murallas, rentas de tributos y otras variedades de este tipo, como desmesura y avidez hegemónica que llevaría a su destrucción. Como comentario final quien prefiera la parte moral a la parte divina de su ser, conocerá la exclusión del paraíso, la caída y la desgracia como una visión trágica del devenir de las civilizaciones y del hombre en el mundo. Es evidente que Platón no se desmarca de la herencia del fértil suelo presocrático, donde el modo correcto de vivir es hacerlo de acuerdo con la naturaleza o Physis, pero se nutre también de su maestro Sócrates, quien inicia una verdadera revolución con su “conócete a ti mismo”, colocando de este modo el peso moral de las decisiones en el corazón mismo de los hombres mas bien que en el designio de los dioses.
El conflicto de intereses entre la dignidad y la justicia versus el dinero y la corrupción, es muy actual, encarna la razón interesada y la razón universalista.
Autor:Marcelo Ocampo
BIBLIOGRAFÍA
DROZ G. Los mitos Platónicos. Editorial Labor, 1993.
FINLEY M. Los griegos de la antigüedad. Editorial Labor, 1994.
JACQUENOD R. Diccionario de Mitología, Salvat, 2000.
PLATÓN. Diálogos. Ediciones Libertador, 2004.
KANT, I. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. www.infotematica.com.ar
RANCIERE, J, El desacuerdo. Política y filosofía, Bs. As., Nueva Visión, 1996, págs. 83 /120.
ENTRADA RELACIONADA:¿LA ARGENTINA ES LA ATLÁNTIDA?
lunes, 31 de mayo de 2010
La razón como tragedia
Ya no alcanza el hilo de la razón de Ariadna,
ya no alcanza y en la esquina de algún tango
el imperativo del amigo traicionado
es vengado por Dionisos.
Kant muere alcanzado por la hoja de cuchillo
de otro amigo.
Y a la vuelta de esa esquina,
Sócrates mata a la tragedia
y la sangre derramada del macho cabrío
fecunda la tierra y nacen vides y hiedras
para llevar alegría a los hombres
aunque sea por un instante.
Las apolíneas estatuas vestidas de gala,
se ponen los ojos de Edipo
para ver el espanto del que sabía y podía
demasiado,
el dolor resbala en el mármol
y la saga de pies hinchados, sigue marchando.
El gallo declara ante el magistrado:
“Soy inocente, Critón nunca me ha alcanzado”
y desde entonces, los médicos incrédulos
deben un gallo a Asclepio.
La esfinge espera por Edipo que viene
De la encrucijada de tres caminos,
Con la manos manchadas de parricidio
y así continúa el proceso infinito
de la venganza en las puertas de Tebas,
como así había ocurrido en la casa de Asterión.
Con las dos quimeras muertas,
las dos princesas esperan,
cada una con su mejor collar,
al héroe más poderoso
para subir de su mano al trono.
Los matadores de monstruos
sellan un pacto en Colono
y el poder sagrado de los soberanos
brilla sobre la cresta del gallo.
Marcelo Ocampo
lunes, 5 de abril de 2010
La leche, el primer alimento humano
La primera alimentación que el hombre recibe es, en efecto, la leche de la madre o de la nodriza. Desde el punto de vista fisiológico y médico de la antigüedad, está la descripción de Sorano de Efeso, “la nodriza perfecta debe tener entre 20 y 40 años y ser multípara. Será griega de nacimiento".
Galeno de Pérgamo, también coincide en la edad de la madre/nodriza y describe los pechos ideales para el amamantamiento.
Sin embargo el primer orador que hace referencia a las cualidades afectivas y morales de la madre/nodriza es Quintiliano en los años 60 a.C. aproximadamente. El afirma que: “Es preciso que la nodriza sea sensible y afectuosa a fin de que cumpla sin vacilaciones y sin murmullos los deberes a su cargo”
La templanza y la castidad de la nodriza pasaban además por abstenerse de relaciones sexuales y de borracheras.
Luego se hacía referencia a las características físicas de la leche (consistencia, olor, color y viscosidad).
Como vemos en la antigüedad, las cualidades morales y de afecto y las características físicas de la leche, eran de vital importancia para una nutrición ideal del niño.
Galeno ponía énfasis en la alimentación de la madre/nodriza: “la mujer que está amamantando debe poner atención en lo que come y bebe” y además en su comportamiento sexual: “supongo que la mujer que amamanta, se abstiene de toda relación sexual”
La leche en la mitología griega
En el relato mitológico, se habla de la leche de la inmortalidad, en el episodio de Hera la esposa de Zeus amamantando a su hijo “adoptivo” Heracles. Zeus, se enamora de Alcmena, esposa de Anfitrión y concibe un hijo, descendiente de Alceo, el padre de Anfitrión. Dejando de lado cuestiones de necesidad cosmogónica de este hijo por parte de Zeus, lo cierto es que, para ser inmortal, necesitaba de la leche de Hera, su madrastra. Ella, ofendida por la infidelidad de su marido se negaba a amamantar al bastardo, pero Hermes lo coloca en sus brazos cuando ella dormía y el niño tiró tan fuerte del pezón que la diosa encolerizada, derrama la leche en el universo dando origen a la Vía Láctea.
En 1985, en España, se funda la Organización Vía Láctea en apoyo de la lactancia materna.
La leche es el primer alimento porque es producto de la madre.
“Tienes vino dichoso privilegio” dicen los texto órficos para agregar:
“toro te precipitaste en la leche, raudo te precipitaste en la leche. Carnero, caíste en la leche. Cabrito, en la leche caí”.
Bernabé, citado por Villaroya, interpreta estos fragmentos como partes del ritual de despedida de los muertos, en los cuáles, la leche y el vino se usaban durante despedida Se vinculan a muerte y renacimiento. Quiere decir que el muerto al descender se convierte en lactante.
En las laminillas órficas la iconografía muestra a una mujer llevando un cabrito que va a beber de una crátera de Dionisos. Son epifanías del dios y el muerto que va a renacer, se identifica con él.
Hay también una simbología relacionada a los signos del zodíaco (Aries, Tauro Capricornio) y al viaje de las almas por la vía láctea que es blanca como la leche y ésta como luna que es primer muerto y el primer resucitado, es la crátera que recibe a las almas que luego viajan por la Vía Láctea, que es el inicio del camino de las almas.
En la edad de oro del hombre, no había mujeres, vivían bajo el signo de Dionisos, con la vid como planta central del paraíso. Gracias al prodigio dionisíaco, la leche, la miel y el vino brotaban de la fecunda tierra, dispensadora generosa de alimentos.
En la literatura, el seno materno muestra su importancia en la Ilíada como “el lugar donde se olvidan la preocupaciones” (el seno de Hécuba, que lo muestra a Héctor para alejarlo de una muerte segura a manos de Aquiles).
La leche de madre/nodriza es el primer alimento en el interesante camino del omnívoro.
A modo de conclusión puede decirse que la primera experiencia con el cuerpo materno, la participación mística entre la madre e hijo es la dicha, es la armonía con el cosmos; precisamente, armonizarse con el universo es la función básica de la mitología.
La lactancia materna, es un evento único y fascinante, tanto desde el logos como también desde el mythos.
Marcelo Ocampo
1. CAMPBELL, J. El héroe de las mil caras (Fondo de Cultura Económica)
2. DEL HOYO, J. La primera alimentación del hombre Universidad Autónoma de Madrid
http://revistas.ucm.es/ghi/02130181/articulos/GERI9191220195A.PDF.
3. HOMERO. Ilíada, Ediciones Terramar
4. LORAUX N. Las experiencias de Tiresias. Editorial Biblos.
5. MARTÍNEZ VILLARROYA, J. Estructuras Antropológicas del Imaginario Orfico. Universitat de Barcelona.
6. VÍA LÁCTEA http://www.vialactea.org/queesvialactea
lunes, 22 de febrero de 2010
DERECHOS HUMANOS E INSEGURIDAD

Me provoca indignación, cuando se confunden los derechos humanos, (declaración de 1948), con la inseguridad, esto es, pensar que si las minorías avanzaron en sus derechos, entonces los derechos humanos protegen solo a esas minorías y no a la mayoría de las personas. En verdad La Declaración Universal de Derechos Humanos de la OMS, promulgada en la posguerra, en el años1948, es para todos y para cada uno de los habitantes de la tierra. Entonces si son derechos fundamentales de la humanidad ¿cómo es que se responsabiliza a los derechos humanos por la inseguridad?
Parece que al revés, el no cumplimiento de los derechos humanos, es la causa de la inseguridad y no la consecuencia en este asunto.
Pero como siempre las cosas no son lineales, me refiero al tiempo lineal de causa y efecto. El fenómeno es más complejo y para tratar de comprender algo más de esta realidad, será preciso recurrir además al tiempo sincrónico donde hay concausas no necesariamente lineales, sino que van ocurriendo simultáneamente.
En América Latina donde la inequidad es mas alta que en otras regiones, la inseguridad es mayor.
Esta inequidad, es la madre de muchas paradojas, por ejemplo durante años y con distintos gobiernos y políticas del carnaval vernáculo, (deme 2, primavera, peso/dolar1 a 1,) , la clase media (me incluyo) viajó por el mundo, estuvo de fiesta, bailando en la cubierta del famoso transatlántico, sin darse cuenta, que en la orilla, había madres de plaza de Mayo, con pañuelos blancos, madres del paco con pañuelos negros, gente sin trabajo, pobres, indigentes y miserables, con hambre como signo de la muerte, no de muerte ontológica, sino por falta de comida; del otro lado de la orilla, anoréxicas encima de las pasarelas y su tragedia frente al espejo Unas mueren de hambre y otras mueren de imagen, en la tragedia de la cultura.
Por debajo de las autopistas que unen centros urbanos, unas casas sin puertas ni ventanas, con paredes de arpillera y de ramas, sirven de miserables viviendas a los propietarios del aire, que duermen bajo un techo de doble mano y por encima, autos nuevos y confortables, con la preocupación de una multa por exceso de velocidad y con el temor de las piedras que tiran desde el costado o desde los puentes los malvivientes y piedras como puñado de granizo, que tiran las malditas nubes. Piedra sobre piedra, miedo a ser alcanzado por las piedras, miedo del itinerario de la carne a la piedra, el ojo de la Medusa, acecha. Ya nada es seguro, ¿Quién habrá tirado la primera piedra?
La ciudad de la Plata, un centro urbano tranquilo, está unida a la capital de la nación argentina, Buenos Aires, por un cordón umbilical de cemento, la famosa autopista. La pobreza, la inseguridad, la droga, ganaron las calles, bajaron por la autopista, cuando ¿estábamos distraídos?
Contaré una anécdota:
La necesidad de un primer trabajo como médico, me lleva en colectivos a San Francisco Solano y de allí a Rafael Calzada, estaba promediando el año 1983. Al bajar del colectivo, tenía que caminar unas cuadras hasta la estación ferroviaria de Calzada, en ese trayecto, iba distraído, de saco y corbata y maletín en mano, cuando algo me llamó la atención: las farmacias tenían rejas que separaban al cliente del farmacéutico y pensé –que mal que viven por acá, pobre gente.
Además observé que había pocas cuadras asfaltadas, zanjas a cielo abierto y de regreso a la parada del micro, perros aullando al cielo.
La misma urbanización incipiente en San Francisco Solano, la calle asfaltada de la clínica la 843 y la del centro, la 844, angosta y con varios comercios, interrumpidos por el emplazamiento del hospital y del cuartel de bomberos. Todo el sector cívico, con calles de asfalto, con casas modestas bien cuidadas; rodeadas por calles de tierra y mas lejos, pero no tanto, las viviendas de madera y de chapa, al costado de las riberas del arroyo. Por las avenidas que unen toda la zona de Quilmes Oeste, colectivos llenos de gente, que van a trabajar, laburantes que pueden ayer como hoy, perder su empleo sin aviso previo, un simple telegrama o una empresa que cierra de la noche a la mañana.
Una clínica de la zona cerró sus puertas y todos los médicos, (incluído yo mismo), por razones que aun desconozco, quedamos fuera de patitas en la calle y a merced de la justicia de turno que respondía al poder de turno y a la cápita de los poderosos, que siempre están de turno.
Una tarde en el consultorio de la clínica de Solano, la mamá de un pequeño paciente, me dice que para reyes, le regalaron a su hijo una bici, pero que la puede usar en la cuadra de la casa y bajo la estricta vigilancia de ella o del padre y bajo promesa de no doblar la esquina, incrédulo pregunté -porqué no lo dejan doblar la esquina? La respuesta obvia no se hizo esperar, - y Doctor, si da vuelta la esquina, de seguro lo fajan y le roban la bici.
¿Cuándo ocurrió esta especie de conurbanización en La Plata?
No lo se, pero iba ocurriendo aquello que había visto en mi experiencia de trabajo en el conurbano bonaerense, iba ocurriendo, inexorablemente. Esto que los sociólogos llaman cordones urbanos, suburbanos, eufemismos tales como villas de emergencia, villas miseria, conglomerados suburbanos, asentamientos corrientes migratorias desde otras provincias, contra migraciones, etc.
En la Plata , vivíamos otra realidad, mientras todo aquello iba ocurriendo, el centro estaba a salvo, el mal estaba lejos (a unas cuadras nomás).
Las calles asfaltadas, el agua potable, estudiantes, empleados, profesionales y gente de oficios varios, trabajando y caminando bajo las calles iluminadas con luz de gas y ese magnífico trazado urbano de diagonales y de plazas que en conjunto daban la sensación de bienestar y seguridad, moral y trabajo.
Lo cierto es que hoy, mientras estábamos distraídos con el perfume de tilo en la primavera platense, el perfume se fue enrareciendo, las hojas comenzaron a desteñir, como nuestra pátina urbana y hoy estamos así, añorando el pasado, cuando la pintura del cuadro aún está fresca, reclamando por nuestros derechos negativos (a que no te maten, a que no te asalten, a poder transitar libremente). Pero los derechos son para todos, de ninguna manera para algunos, porque son derechos universales, que garantizan la dignidad de las personas, la persona como fin en sí misma y nunca como medio para satisfacer intereses de otros. Me parece que hay que subrayar esta premisa ontológica la dignidad como imperativo universal al contrario del doble estándar, tan promocionado desde la bioética liberal, donde la concepción es una dignidad (dignitas) o merecimiento distinto para países ricos y para países pobres.
Ese merecimiento distinto según rico o pobre, ha ganado las conciencias, camina peligrosamente por las calles, se dispara como palabra hecha bala desde las gargantas de artistas millonarios, gente de la farándula que de pronto descubre la pobreza, la desnutrición y la inseguridad frente a las cámaras, descorriendo el velo de su falsa conciencia generando la creencia de derechos humanos para unos y no para otros.
Otra vez la corbata versus la alpargata, otra vez, la intolerancia a los negros de mierda, a los faloperos de mierda, a los extranjeros de mierda a los travestis de mierda; a las motos de mierda, de pronto, todo huele a mierda.
La inseguridad es hija de la intolerancia y de la inequidad.
No es solamente a causa del doble estándar moral de los políticos que dicen una cosa y que hacen otra. Los medios de comunicación tienen su papel cuando muestran la solidaridad a la carta por las catástrofes de Haití, el alud del norte, ahora el de Madeira cuando en la vida cotidiana, muchos son incapaces de ver la necesidad en la cara ajena, es un auténtico sainete, es otra vez la falsa conciencia.
Mostrando la farsa, alguien hablando, alguien escuchando, contando y escuchando, reflexionando, parece que por acá, vamos a encontrar a la madre de la confusión, a los sofistas sin máscaras, monstruos horribles dispuestos a todo, incluso a la antropofagia con tal de salvar sus mezquinos intereses.
Porque los derechos de las minorías olvidadas (presos, homosexuales, enfermos, pobres+miserables) salieron a la calle, saltaron a la vista de todos, salieron del inframundo donde estaban escondidos, mientras la clase media seguía en el baile y trabajando para cuidar aquello que había obtenido legítimamente.
Educación, salud, seguridad, trabajo, vivienda, son derechos humanos que tiene que hacer cumplir el estado, garante y responsable de su rol en sociedades democráticas, un estado de derecho frente a cuya claudicación, hay que reclamar. Entonces ¿cuál es la culpa de los derechos humanos en la inseguridad?
La respuesta es simple, los estados y los gobiernos no cumplen su función, no garantizan en un estado de derecho, los derechos humanos de los ciudadanos.
Estos hechos generan perplejidad y esta perplejidad lleva a la confusión acerca de derechos distintos para delincuentes y para ciudadanos que cumplen con la ley.
Ahora me pregunto, frente a la hibrys o desmesura del poder de turno, frente al reclamo por los derechos humanos para “unos” y para “otros” ¿qué haríamos?
¿Votaríamos al partido barra brava con su propuesta de acabar con la inseguridad en las canchas? (de Diego J.L. Cinismos, Enfoques Diario El Día)
¿Dejaríamos a nuestros hijos al cuidado de los patovicas para erradicar la violencia en los boliches? ¿Votaríamos para que los militares recorran nuestras calles y pongan orden a tiros y a cachiporra? ¿Apoyaríamos a los narcos en una campaña para dejar la droga?
¿Tendríamos perros entrenados más grandes y mas malos?
¿Compraríamos armas para atrincherarnos en nuestras casas? ¿Saldríamos armados a la calle? ¿Electrificaríamos la verja y la manija de la puerta? Contrataríamos mano de obra desocupada con sangre en las manos y ojos en la espalda? ¿Viviríamos en un gran countrie amurallado y vigilado? ¿Instalaríamos cámara de video para que alguien vigile nuestros actos cotidianos como en un Gran Hermano?
¿O nos haremos cargo, aprovechando la indignación, fuente de la moral y exigiremos al estado que haga cumplir y observar los derechos humanos? Es decir de una realidad o ética empírica a una ética del deber ser o sea, de lo que es a lo que debería ser.
En una sociedad de derecho, éste es el camino para que el principio del fin sea el fin del principio, en un juego de palabras que apunta a legitimar nuestras decisiones y nuestras conductas mediante los principios y leyes universales de la ética, que no pululan por el cielo sino que están en nuestra conciencia y guían nuestras acciones.
Marcelo Ocampo
viernes, 12 de febrero de 2010
EL CERDO AFRODISÍACO
Lalín Pork Art 2009Para esto es preciso aclarar el significado de Afrodisíaco:
Este sustantivo se aplica a las sustancias que tienen la propiedad de estimular el apetito sexual.
Los griegos ya conocían el efecto de algunas hierbas como estimulantes sexuales y hacían con ellas infusiones, que llamaron aphrodisiakós. El vocablo surgió del nombre de la divinidad Afrodita, hija de Zeus y Dione, diosa del amor erótico y amante de Adonis.
Según otra tradición, Afrodita era hija de Urano, cuyos órganos sexuales, extirpados por Cronos, cayeron al mar y engendraron a la diosa, que por eso se llamó nacida de las olas.
A pesar de que la palabra griega tiene más de dos mil quinientos años, el primer registro de afrodisíaco que se conoce en castellano data de 1867. (1)
La palabra sexo los griegos no la conocían es muy posterior: “Sexo proviene del latín sexus, exactamente con el mismo significado que tiene hoy en nuestra lengua, según la Academia Española” “Condición orgánica, masculina o femenina de animales y plantas” (2)
Para los griegos de la época arcaica, la carne de cerdo era afrodisíaca. En efecto, el akrokólion (una extremidad del cerdo, que figura en el libro III de Ateneo de Náucratis), está relacionado con la diosa Afrodita y sus propiedades afrodisíacas son mencionadas por los comediógrafos Aristófanes, Alexis de Turio y el poeta Calímaco. ( 2)
Desconozco si la señora presidente abrevó de estas fuentes, tampoco si Maradona leyó la comedia los caballeros de Aristófanes, (3) cuando uno de los personajes, Agorácrito, un vendedor de chorizos que pretende desplazar a Paflagonio, el gobernante de turno, tratando de ganarse al pueblo, le dice al tirano:"chupámela" (con perdón de las mujeres).
En la Odisea, abundan las referencias a los cerdos; un ejemplo es el episodio de la maga Circe, la seductora amante de Ulises, cuando convirtió a sus compañeros en cerdos, seguramente para deleitarse con su carne y de paso para que Ulises al consumirla, tenga el deseo amoroso bien “levantado” para satisfacer sus ardientes deseos.
Como vemos hay toda una red semántica y mitológica en torno de la afrodisia, (4) palabra que los antiguos griegos usaban como las cosas de Afrodita: seducción, amor, sexo, placeres, aromas y perfumes.
El cerdo afrodisíaco, tan promocionado por los medios de difusión, pertenece sin dudas, a este universo de cosas de Afrodita.
En cuanto al emblema gastronómico nacional, el chorizo y el popular choripan, fueron desplazando del pedestal al bife de chorizo. Tal vez ahora haya que hablar de choripete, consumido de parado en cualquier puestito o en un carrito de la costanera.
Veremos si el cerdo logra un lugar destacado en la gastronomía vernácula.
Eso sí, teniendo en cuenta las propiedades del cerdo afrodisíaco hay que tener mucho cuidado de consumirlo junto con sildenafil. Parece que, en la industria farmacéutica, hay preocupación por el asunto e incluirán en el prospecto de la popular pastilla, una advertencia: no consumir con carne de cerdo, para evitar potenciales efectos indeseables tales como un incómodo priapismo doloroso.
Marcelo Ocampo
Citas bibliográficas
1 Ricardo Soca El catellano.org
2. Diccionario de la Real Academia Española.
3 GARCÍA SOLER, M. El arte de comer en la antigua Grecia. Biblioteca nueva, 2001.
4. ARISTÓFANES. Las once comedias, traducción de Garibay A. Editorial Porrúa, 2006.
5. Foucault M. Historia de la sexualidad tomo 2- el uso de los placeres. Siglo XXI editores.
lunes, 25 de enero de 2010
Células madres del cordón umbilical:Legitimidad, comunitarismo e individualismo

"En cuanto al tipo de banco público o privado tiene simetría con la donación de órganos como acto solidario de donar, una decisión altruista para quien lo necesite es el bien común.
Nadie está obligado a donar, de ahí el acto voluntario. En el caso de bancos privados, nadie está legitimado para decir que no hay que hacerlo, queda dentro de las libertades individuales".
El texto anteriormente citado pertenece a un artículo que escribí: Células Madre: Enfoque Bioético, disponible en el báculo de Asclepio.
Se trata de una ampliación de las reflexiones enviadas y publicadas a modo de carta de lectores por gentileza del Dr. Enrique Otharán en el artículo: Células madre, fallos contra el INCUCAI, disponible en www.edicionesmedicas.com.ar
Profundizando el análisis, una de las preocupaciones que flota en el asunto de esta biotecnología, es la inequidad, ya que muy pocos pueden criopreservar las células madre de cordón umbilical; este tópico, desde el principio de justicia, obliga a plantearse si esto es justo, mas allá de las cuestiones jurídicas acerca de las libertades individuales en colisión con la igualdad de acceso a los recursos terapéuticos, una de las premisas de la reunión de la OMS en Alma Ata, 1978.
Parece que la autonomía colisiona con los intereses colectivos, en las concepciones comunitaristas versus individualistas en los sistemas sociales englobando a las políticas sanitarias.
Comunitarismo entendido como una posición ético-normativa que postula una serie de normas en una tradición cultural común que define ideales como la vida buena. El individualismo como explicación de estrategias individuales, descriptivo como redescubrimiento de la esfera privada y en tercer lugar, como concepto filosófico político para la regulación de la conducta. (Cristina Donda, Comunitarismo e individualismo, Diccionario Latinoamericano de Bioética, UNESCO, 2008).
Otro concepto de valor para el análisis es el de legitimidad. En el mismo Diccionario, en las páginas 125 y 126 bajo el título Legitimidad, María Luisa Pfeiffer considera legítima a una situación, estado, acto, que se conforma a un mandato previo ético, moral o legal, advirtiendo que no se debe identificar legal con moral ya que un acto legal, conforme a una ley, puede ser ilegítimo cuando dicha ley no responde a exigencias morales o carece de fundamentos éticos.
Basado en estos conceptos formulo las siguientes preguntas:
¿Es Legítimo tener bancos de células madre privados? En lugar de si es legal tenerlo, habida cuenta que lo legal es legitimado por lo moral.
¿Tiene derecho una persona que ha optado por un “freezer privado” de células a acceder al “freezer público” si por alguna razón sus células sufren algún accidente en el criopreservado?
¿La ley de transplante del INCUCAI y anexos de reglamentación sobre Células Progenitoras Hematopoyéticas haría posible que una persona en lista de espera y situación clínica acuciante pueda utilizar las células madre histocompatibles de un “freezer privado”, por legitimación legal de la norma, argumentando que la persona es un fin en si misma, por encima de los intereses individuales?
Las respuestas deben abordarse desde la bioética como reflexión fundante de la legitimidad.
Pero si se homologa la disponibilidad de las células madre con la ley Nº 24.193 del INCUCAI sobre transplante de órganos, entonces el debate se inclinaría hacia la disponibilidad para todos de las células hematopoyéticas de bancos privados.
Se advierte la colisión inevitable entre el comunitarismo y el individualismo, ámbito público y privado, éticas de la virtud y éticas del deber, las primeras ligadas al comunitarismo y las segundas al individualismo.
La educación en la virtud y la promoción de los valores tales como la solidaridad, llevarían a considerar las vidas de los otros como las propias vidas.
Se postula en todo caso, si es posible lograr una política en salud que establezca lo que es bueno para todos y cada uno de los individuos, y hasta donde es posible una intromisión “tolerable” del estado en las libertades individuales.
De no ser así, el asalto tecnológico de la medicina conlleva asaltos de fallos judiciales (judicialización) asaltos de decretos de necesidad y urgencia (politización) que saltan olímpicamente el debate del deber ser, es decir la legitimación ética y moral en la equidad de los sistemas de salud, o sea el debate de lo que es a lo que debe ser o el itinerario de la bioética empírica a la bioética jurídica.
Marcelo Ocampo
Autor
jueves, 10 de diciembre de 2009
Flor y sangre en el aire

En el ciclo de la naturaleza, los frutos prematuros caen sin beber la luz, en pleno invierno, no hay frutos de verano, la combustión del sol no puede hacer madurar a los higos. Sin embargo, una mano ajena a la naturaleza intervino y calló para siempre aquello que no pudo Ser y sin embargo, se trepó a la garganta de su madre justo cuando la tarde de frío siberiano, traía el temor de las culatas, del color verde, curioso contraste de cachiporra y llanto de dragones camuflados con botas marrones y aliento a fango, bajo un cielo de pólvora y una pesada bruma que hundía la recta del horizonte.
La libertad sobre el cuerpo puede interrumpir un fruto a voluntad, pero la abeja no puede torcer su destino de miel.
Sin embargo, la romántica obstinación por el curso de la naturaleza, adormece la vigilia de la conciencia.
Las fauces hambrientas de las bestias cegadas por el olor de carne inocente, por la visión mesiánica de acartonados pendones y de escopetas recortadas, como las astas salvajes que ensartan las vísceras de los peatones y que después irían por aquellas islas.
Pero era un tiempo en el cual los hijos ya no querían dejarse tragar por Cronos y menos aún por el monstruo asesino de tres cabezas que estaba latiendo en el cubil verde oliva.
Olor a sangre y a jazmines en el aire de las calles y en las casas, un sobrio aroma cotidiano esquivo a las narices de aquellas escopetas recortadas.
Extraña paradoja, el olor a bestia cerraba el espacio en aquella tarde de julio.
Luego se supo de aquel plan siniestro, que condujo, del Ser al no Ser.
Pero el derecho a la libertad, traía la dignidad a la conciencia y en las narices, un perfume a revolución, como rara flor de jazmín y de sangre.
Flor y sangre en el aire y en las cloacas;
flor y sangre en las servilletas y en las corbatas.
Flor y sangre y aquella partera en la tarde de invierno,
entrando a la pieza con su atuendo “animal print”,
gritando como una Erinia, las sórdidas sentencias de muerte y de pecado, pero la aflicción que sofoca la garganta, ya estaba sobre la madre
que yacía media dormida en la camilla raída, ultrajada en cuerpo y alma, las esferas del llanto, se habían llevado toda la sal de sus ojos.
La Erinia, sobreactuó su papel, entre el derecho a la autonomía y el derecho a la vida, en un crispado atardecer, cuchara en mano, sermón de pordiosera y paga de princesa. Luego entra en escena aquel personaje, el médico gris como el cielo plomizo de aquella tarde, llevando las agujas soporíferas dentro del maletín de cuero negro.
Lo uno y lo múltiple metafísico, la mismidad y la otredad mas cotidiana frente al reflejo poliédrico de los ojos del reptil.
Cuerpos sin escamas, cubiertos de sal en el mar, cuerpos sin sal en oscuros burdeles donde ronda la muerte; médicos de guardapolvo negro, prestando asistencia a la trágica decisión de desprendimiento.
Las caracolas entonan sus nombres en el viento, donde ya flotan las respuestas que no escucha este muchacho solitario, con piel de cactus, plantado en el desierto de aquel trágico mes de febrero.
Pero tu partida fue anterior al horror, cuando un displicente cirujano, apagó las luces del escenario, aplazando o apurando el desenlace trágico, un suspenso innecesario o la prudencia de no penetrar el bisturí hasta ver la señal certera en la incertidumbre de la espesura espacial del cuerpo.
“La enfermedad no recorre los cuerpos siempre de la misma manera”.
Lo cierto es que lo ineluctable, cayó como un telón sobre los ojos de un testigo único.
Su madre se hizo ovillo por dentro de su propia matriz, para acunar la huella de la niña; por fuera, el abismo de la tristeza que no tiene nombre.
Cuando entraste al bosque encantado, por la puerta de flores multicolores, veinte ruiseñores entonaron sus dulces cantos y una suave brisa trajo el perfume de lo sagrado.
De este lado, quedan huellas de sangre, jirones de sueños rotos y el recuerdo de tu imagen, flotando en el aire de la memoria, a veces difusa, a veces opaca y otras tan nítida que al querer tocarla, se esfuma como el fantasma de una nube blanca.
Marcelo, 8 de diciembre de 2009
domingo, 29 de noviembre de 2009
Teresa pudo decir adiós
Algún árabe dijo que su espíritu no podía volar más rápido que su camello; pienso que tampoco puede ir más rápido que un auto o cuando el cuerpo sube por una escalera mecánica, el espíritu llega después subiendo por una escalera de madera.
Sin embargo, en ciertas ocasiones, puede ocurrir que el espíritu, se adelante al cuerpo debido a ese fenómeno llamado intuición, el cuál, al integrarse con la secuencia del laberinto, llega antes a su centro, mientras que el hilo de la razón, sigue analizando las vueltas y retrasando el cuerpo.
Tal vez esto haya ocurrido en la historia que voy a contar.
Era una soleada y cálida mañana de domingo, un día 30 de agosto que trajo un calor de verano como si al invierno lo hubieran cortado. Pero la naturaleza no se adelanta, sigue su ley inalterable. Solo los humanos nos podemos confundir, porque el pié femenino de las especies vegetales, esperaban que los pólenes que aman al viento, se lancen a él para fecundarlas. Y así pasó con los árboles de la ciudad, los plátanos, los fresnos, lanzaron sus semillas al viento, los pólenes que se meten hasta en las narices de las estatuas que pisan las flores de las plazas.
Esa mañana, voy a la casa de una querida vecina del barrio, ella sufría de una urticaria desde hacía unos días, estaba inquieta, la picazón le aguijoneaba la piel. Pero había más, una pérdida de apetito y una queja por una pierna inflamada a la altura de la cadera, el achaque cotidiano de una antigua dolencia.
Su acento, siempre italiano, se obstinaba en seguir pegado a su lengua, como si los aromas de su tierra, hicieran que el cuerpo estuviese aquí y el espíritu del otro lado del océano, habitando la casa de la niñez.
Ella respiraba como todos, en nuestra bella ciudad de diagonales, el inconfundible aire perfumado de tilo en noviembre. Y en diciembre, con su gran familia, esperaba los festejos de navidad y de año nuevo; ella inauguró la costumbre de sacar las mesas y las sillas afuera para el festejo vecinal, la algarabía de la comensalidad, en la noche previa al nuevo año, con los muñecos en las esquinas de la ciudad, esperando su destino de fuego, muñecos que antes de morir calcinados, pierden la conciencia ahogados por el humo de la pirotecnia.
Ella era generosa con todos, hasta el cartero detenía su itinerario epistolar, para tomar el café caliente que Teresa preparaba por las mañanas.
El mismo café que el jardinero tomaba antes de emprender la poda redonda de la copa del ficus que ella veía crecer cada día en su vereda.
Sin embargo, una nostalgia la agobiaba y mordía su alma como los blancos y fríos colmillos de las fauces de un lobo.
La urticaria, malestar pasajero pero insidioso, volvía cada vez que terminaba sus remedios y así transcurrió una semana.
Cuando sus hermanos regresaron de un planificado viaje a Italia, el encomio de la tierra natal, los recuerdos, los aromas, las anécdotas, las fotos, inundaron las retinas de Teresa y su espíritu colmado de alegría, regresó desde la lejana y amada patria.
Transcurridos unos días, ella vuelve a decir de aquella aflicción que la acompaña, los colmillos de las fauces volvían a morder.
Esa mañana de domingo en que el sol reverberaba sobre el lomo del invierno caído, Teresa, le cuenta a mi mujer, que sentía mucho frío, como frío en los huesos y ese dolor en la cadera que no la deja, que ata una de sus piernas y resignada, entra a su casa, luego de despedirse con un beso.
Sandra me comenta el episodio, sin dejar de sorprenderse por el contraste del frío que ella sentía con la sensación térmica de más de 30 grados que anunciaban por la radio y que se padecía en el cuerpo.
Cerca del caluroso mediodía, cuando la copa redonda de poda del ficus se recuesta sobre mi vereda, golpeo la puerta de su casa para darle unos antialérgicos que mitiguen su picazón. Ni bien abre la puerta de madera ingreso al living, y mi espíritu se estremece por un extraño frío, como de aire acondicionado; le dije -Teresa hace mucho frío ¿el aire acondicionado está prendido?- No querido, no hay aire encendido, para agregar: te agradezco tanto, gracias por los remedios; estoy mejor, pero la pierna me duele, no tiene arreglo y no tengo apetito. -Pero acá hace frío, tendrías que abrir las ventanas, le digo.
Fue en ese instante, cuando presentí que algo ineluctable, hostil a la razón estaba por ocurrir. Traté de tranquilizarme pensando que el frío se debía a que la alta temperatura de un solo día, no puede calentar la casa por dentro, mas si está con las persianas bajas.
Pero por fuera de la razón, presentía que alguien había tenido el valor suficiente de tatuar en carne propia, aquella frase: “vivir es aprender a decir adiós”.
Imaginé el paso a través de sucesivas puertas, que se van cerrando, desde la humedad primera hasta el confín de la tierra.
Dos días después, el sonido a metal del portero eléctrico, se mete en mis oídos y corro hacia él en la súbita vigilia del amanecer y escucho, desde el exterior de mi casa, una voz cargada de angustia, como de plomo, que dice - Vení por favor, por favor, me parece que Teresa…
En ese instante, cuando la luna, sentada en el techo de la casa de persianas bajas, acunaba con sus níveos brazos, el cuerpo y el espíritu de Teresa, supe que su alma, de un soplo, había trepado al cielo por la copa del ficus, redonda de poda.
La tarde del martes, me encuentro con el médico de cabecera, alguien que sabe tocar a los pacientes, alguien que no los deja sufrir hambre de piel y me comenta: -No esperaba este desenlace, no había signos ni síntomas. -Entiendo que no- respondo, pero de algún modo, Teresa pudo decir adiós.
Marcelo, noviembre de 2009
martes, 10 de noviembre de 2009
ROSA DE VÉRTIGO
en el columpio del sol,
gravitando sobre el arco iris
con sus pies descalzos.
Tres vírgenes con sus cántaros de miel,
vienen a mí.
Los aromas de tu piel,
blanca de luna,
embriagan mi alma.
Criatura de la tierra
en la sexta casa del cielo,
la gracia de tu belleza
consuela en la presencia,
aflige en la ausencia.
Tu sonrisa de dientes de leche
me contiene,
las ondulaciones de tus cabellos
me pierden.
Los principios ceden,
la razón no entiende.
La conciencia pregunta
¿Callar prudentemente?
¿ decir sinceramente?
Rosa de vértigo,
la contingencia de lo que hoy es
no predice aquello que mañana
pueda ser.
El instante inicial
de la caricia en el alma
aún puede llegar.
La esencia de Eros
penetra todo el ser,
liviano como el éter
enloquece la razón
inunda el corazón.
La garra de la pantera
rasga el velo de la apariencia,
la foto de hoy se tiñe de sepia.
Antes que la rosa de vértigo,
cristalice definitivamente
en el silencio,
antes que deba refugiarme
detrás de donde soplan los vientos,
antes que los sueños
con sus alas quebradas
caigan,
antes que Orfeo
vuelva atrás la mirada,
debo liberar estos versos.
Marcelo, 2009.
viernes, 9 de octubre de 2009
CALIDAD DE VIDA Y EL BUEN COMENSAL

EL FOGÓN, EL CINCEL Y EL SUEÑO DE APOLO
Según la Real Academia española, comensal (Del lat. cum, con, y mensa, mesa) quiere decir cada una de las personas que comen en una misma mesa. Sin embargo, desde la mirada antropológica, el concepto de comensal, aunque faltara la mesa, fue forjado en los fogones del paleolítico en los cuáles comienza la otredad, o condición de ser otro, aquel que comparte el alimento y el lenguaje, el yo y el otro cultural, que se está perdiendo en las mesas de ayuno del postmodernismo, época que estamos transitando y que por varias razones, se da el fenómeno del comer solo y del narcisismo que amenaza con disolver la construcción del otro.
En este contexto, los padres y las madres compiten con sus hijos, pero al revés del Narciso de la mitología griega, joven y hermoso, estos modernos narcisos, están envejecidos, emanan olor a ayuno y no dudan, como complemento del deporte, inhumarse en sarcófagos con luces artificiales para obtener el color de bronce indeleble y poner el cuerpo bajo el bisturí del cirujano plástico, un moderno Pigmalión, que cincela carne y hueso en la medicina del deseo y que gana muchos pesos de los bolsillos opulentos.
Pigmalión (1), como cosmética o medicina del deseo capaz de modelar, no ya el cuerpo del hombre sino los genes de la especie humana, ignora el momento en el cuál el cincel hará brotar sangre de la estatua. Cuando esto ocurra, la vida será: “nacer clonado, vivir el sueño de Apolo y morir postergado”
LOS NUEVOS LEPROSOS Y EL ASESINO EN DELFOS
Los que envejecen dignamente, los viejos de antes con arrugas y canas o calvos, están confinados, junto a barrigones y a fumadores, a los nuevos leprosarios, observados y señalados por la gente sana (2) como un nuevo espectáculo en la cultura de la imagen.
En lugar de ellos irrumpen estos narcisos, atrapados en sus cuerpos, acomodando la imagen de aquello que quieren ver en los espejos. Comen alimentos descremados, dietéticos, Light, sin grasas, con lactobacilos, minerales y vitaminas, con gusto a plástico que nuestro código genético no procesa y que son extraños culturales. El fogón del paleolítico y el comensal, se va perdiendo en el ayuno de los tiempos.
La comensalidad genera dos niveles ontológicos, uno horizontal, ligado a la hospitalidad, a la mesa y al fogón, al espetón paleolítico y al caldero neolítico, al pan y al vino, así los hombres comparten sus experiencias con el otro.
El segundo nivel vertical, de sacrificio ritual, es la comunicación con los dioses, aquel factor numinoso desde el límite del ser, desde el círculo hermético que desliza al círculo del aparecer. (3) Esta comunión ritual puede establecerse a partir de animales destinados al sacrificio o a través de la combustión de especies aromáticas como la mirra y el incienso. (4)
Las crónicas de la ciencia, generan admiración y temor, desplegando un andamiaje de proezas biogenéticas y de cortes epidemiológicos acerca de enfermedades, con cuerpos sin rostro, sin dolor, sin sudor y sin órganos, en un cielo de evidencias.
Estos logros difundidos por los medios, fogonean la cultura indolora y vacía, las personas son como paradigmas caídos a la tierra, en busca de medidas antropométricas perfectas, en un mundo de la imagen que fomenta la bulimia y la anorexia.
“Las personas mueren en la ruta de los espejos, en busca de la bella apariencia, mientras el gran asesino, descansa en Delfos coronado de laureles, por los sacerdotes del éxito”.
OBJETOS COMESTIBLES NO INDENTIFICADOS Y BIOÉTICA.
La biotecnología desacraliza aún más la naturaleza y se llega a los peligros de erosión cultural del lenguaje y amenaza cierta de extinción de la especie.
La carne, como también los vegetales y los cereales, son alimentos conocidos por nuestro código genético y nuestros sentidos, tienen historia: Prometeo el fuego y el buey, Deméter, y el cultivo de los cereales, Dionisos la uva y el vino, los órficos y los vegetales, cada uno con sus fiestas religiosas y cada uno con sus ofrendas. Más adelante, el sacrificio del hijo de Dios, en la cruz de madera del carpintero y luego la eucaristía, comer y beber la sangre y el cuerpo de Cristo.
En cambio los “OCNIS” (Objetos comestibles no identificados) (5) son alimentos sin historia, ni relación ontológica con los dioses, desacralizados y envasados de supermercados, etiquetados y aptos para el consumo humano.
Otros OCNIS, los transgénicos en los campos, en las granjas, en las latas, armados con genes que los hacen inmortales, pero con el talón de Aquiles de la no diversidad, de la producción de nuevas enfermedades y hostiles a Deméter y al buey labrador, en el límite de la cultura y de la locura, promocionados como alimentos necesarios para dar de comer a los hombres por la explosión demográfica y la paradoja de su convivencia con la mayor cantidad de desnutridos de la historia.
Parece que estos superalimentos no llegan a la mesa de los pobres.
Una mirada desde la bioética, puede ver que los alimentos y los medicamentos, no son bienes sociales, suscriptos al derecho a la salud, sino que son productos de consumo que facturan las empresas como ganancias, olvidando la dignidad de las personas que son tomadas como medios y no como fines con el único objetivo de ganar dinero, que circula como el éter y que vigoriza la letrilla de Quevedo: “Poderoso caballero es Don Dinero”.
Esta consideración es en defensa de una ética comunitarista, (6) aquella que traza sus fines comunitarios con un concepto de libertad que supera la autonomía promocionada por la ética del individualismo liberal, asociada fuertemente al narcisismo y a los intereses comerciales. El rescate del buen comensal está ligado al derecho a la alimentación y al ejercicio de una buena vida.
GUSTOS DE RICOS, DE POBRES Y GRANDES GLOTONES
La comida para ricos y para pobres, es dictada desde el poder en una planeada táctica de la construcción social del gusto.
“El foie Gras” era una comida de ricos según muestra Homero en la Odisea cuando Penélope se sentía orgullosa de las 20 ocas que tenía en su casa, comiendo trigo, empapado en agua par engordarlas. (7)
Un médico del siglo XVI, Baldassare Pisanelli, decía que el pobre debía rechazar las comidas de sus amos, porque el faisán provoca asma en la gente rústica. En cambio eran merecedores de una buena sopa de puerros.
Las ostras son un plato caro en Occidente, sin embargo en el siglo XVII eran comida de proletarios. (7) En la Roma imperial, los vermichelli eran tres veces más caros que el pan. Hubo que esperar a la máquina de de amasar en Nápoles, para que los fideos fueran el alimento del pueblo. (7)
Se tiene conocimiento de grandes glotones ligados al poder, los gordos eran los poderosos para gobernar y para tragar.
Milón de Crotona, yerno de Pitágoras, capaz de comer en un día, 10 kilos de carne, beber 10 litros de vino, sin problemas digestivos. (4)
Luis XIV, un día, tragó en soledad, espiado por su cuñada, cuatro cuencos de sopas, un faisán, una perdiz, grandes platos de ensaladas, carnero al ajo en su jugo, jamones, frutas varias y confituras (7).
Moctezuma comía gallinas, pavos, palomas conejos y liebres en una sola cena y pasteles de postre, con chocolate amargo. (7) Y de vez en cuando, se comía la carne de un muchacho elegido especialmente. Se sabe que hubo caníbales por todas partes, también en Grecia antes de los presocráticos.
De la construcción social del gusto, viene el dicho: “no se come lo que se quiere sino que se quiere lo que se come” (5) ahora respaldado por la ciencia y por los expertos en nutrición, por las sociedades científicas que omiten cuestiones sobre calidad de productos envasados pero que no dudan en estampar sus sellos en yogures, huevos, aceites, agua mineral y otros alimentos como garantías de seguridad en un exceso de promoción de alimentos custodiados por la ciencia.
LOS FINES DE LOS MEDIOS
La industria del medicamento, la industria del alimento y la medicina basada en evidencia, en una alianza estratégica, difunden a través de los medios, un mensaje uniforme, comer nutrientes para estar mejor alimentados, adaptando y modelando nuestra diversidad omnívora hacia sus fines que no son los de combatir la desnutrición ni fomentar la comensalidad, la globalización del gusto anula la diversidad, borra las cuencas semánticas y gustativas de la lengua, con el único fin de homogeneizar para ganar dinero que es la meta verdadera.
Los fines no pueden justificar a los medios, aún es posible desnudar el doble estándar, denunciar las políticas regresivas, cambiar el principio del fin por el fin del principio, rescatar el fogón del paleolítico, antes que el olor a ayuno contamine el aire, antes que el pan y el vino del buen comensal, sean el sueño de otra humanidad.
MARCELO OCAMPO
8/10/ 2009
BIBLIOGRAFÍA
1. MALIANDI, R. La investigación médica, conflictos y problemas. ED. Antrofagia,
2009, en homenaje a José Alberto Mainetti.
2. DE DIEGO, JL. “Calidad de Vida”, sección Enfoque, Diario el Día, La Plata, 17 de septiembre de 2009.
3 TRIAS, E. Pensar la religión (Altamira
4 DETIENNE, M. Los Jardines de Adonis. Akal Editores, 1983.
5. AGUIRRE, P. KATZ, M. Encuentro COMER, Sociedad Médica de La Plata,
17 de septiembre de 2009.
6. TEALDI, JC. Comunidad y Contexto. Diccionario Latinoamericano de Bioética, UNESCO, 2008.
7 FERNANDEZ ARMESTO, F. Historia de la cocina. TusQets editores, 2004.
sábado, 8 de agosto de 2009
sábado, 25 de julio de 2009
sábado, 18 de abril de 2009
martes, 7 de abril de 2009
La vieja librería
Una justa literaria.Jonathan Wolstenholme.En la primera, me dirijo al cartel indicador de literatura clásica, pero no estaba; me fijé entonces en el sector teatro y nada, pregunto a un empleado, por Ifigenia, de Racine; él busca por el catálogo informático y me comenta que la obra está agotada.
En el segundo local que visito, hago la solicitud:
-Busco a Ifigenia, de Racine.
- Perdón- dice el empleado.
-Ifigenia, no la conozco pero la buscamos en el catálogo una vez que encienda el sistema .
–No se moleste, paso otro día.
En el tercer negocio, una vidriera bien grande, seductora, intensa luz que parpadea, libros de tapas gruesas, con precios caros, discos compactos, custodios marrones con desafiante cachiporra y en el aire, una música funcional de jazz lavado, blanco y neutro. El piso alfombrado que ahoga los pasos, los sectores con carteles indicadores, como los de las autopistas, pero solo para peatones, los estantes con nuevas ediciones.
Me dirijo a una empleada de boquita pintada y amable sonrisa:
-Buenas tardes.
-Hola
-¿Tendrás Ifigenia, de Racine?
-Ya me fijo.
Y ahí nomás, busca en el catálogo informático:
–Mirá, están los libros Fedra, Andrómana, Ifigenia, de Recine, pero no hay disponibilidad.
Me despido, poniendo los ojos en posición panóptica y aparece así, en mi campo visual, la bóveda del techo, la platea con estantes, los palcos de un teatro remodelado por despiadados plásticos, un enorme escenario y actores anónimos listos para interpretar el mas taquillero drama de moda: “Autoayuda, solución para la angustia”.
En la cuarta y última librería una simple vidriera con poca luz, macetas con violetas de los Alpes y libros como pétalos caídos. Sobre el vidrio, una banda cruzada que dice: los textos están aquí.
Entro, con entusiasmo por encontrar a Ifigenia. De inmediato tuve la impresión de estar en otra dimensión, en otro tiempo. Había una pátina ocre en las solapas de los libros abarrotados en escarpados estantes, a uno y otro lado del pasillo y una escalera como herramienta para alcanzar, a duras penas, la fila más cercana a la cima.

Uno de ellos, de camisa blanca, con lentes de aumento tan grandes que sus ojos parecían los de un chino, me dice:
-Buenas tardes señor.
-Buenas tardes- respondo.
-Busco a Ifigenia, de Racine.
-Sí, la obra del dramaturgo francés, seguramente tenemos lo que está buscando.
Se dirige a un empleado mas joven pero con la misma actitud del que conoce el oficio; hablan entre ellos, señalan un lugar preciso, en lo alto de los estantes y el joven empleado, emprende la subida hacia lo alto de la pila, como un eximio escalador, desafiando las posibilidades técnicas de la escalera, en puntas de pié sobre la cima, toma un libro y baja con un ejemplar de Ifigenia, pero escrito en francés.
En eso, se oye una voz dulce, algo apagada, desde el interior, detrás de una caja registradora de madera con botones de metal, -las obras de los dramaturgos franceses, traducidas al español están un escalón por debajo hacia la derecha.
El empleado baja y me entrega un librito, leo el título Fedra e Ifigenia, de Racine.
En la vieja librería, se respiran letras y hasta arcilla de tablillas minoicas.
-¿Cuanto vale? –pregunto.
-Al fondo, a su derecha, le van a cobrar.
Me dirijo a la caja registradora mientras pensaba en qué moneda nacional me iban a cobrar.
Detrás de la caja, había una pareja de ancianos, el señor que indicó donde estaban los dramaturgos, vestido con camisa a rayas y un pantalón con tiradores; al lado su mujer, una bella anciana de esas que sus miradas transmiten una inequívoca sensación de paz, dedicada a la tarea de encuadernar un libro con engrudo y paciencia. Tenía un guardapolvo de color rosa clarito almidonado, y unas manos arrugadas pero firmemente abocadas a la noble tarea de restauración.
Cuando pago, el señor de anteojos me dice:
-Le preparo la factura.
- No hace falta- contesto. (Imaginé que iba a escribir en hoja ocre con una lapicera de pluma y pulmón de tinta).
En ese instante, ocurre algo insólito, en el fondo, por detrás a la izquierda, dos muebles cargados con libros, se mueven, caminan de un lado para el otro, observo que tienen patas, de bronce uno y de madera el otro. --- ¡Esos muebles caminan!- exclamo.
–En efecto- contesta el viejo librero- ocurre que son muebles muy antiguos, el de patas de bronce guarda libros de magia, con fórmulas de alquimistas y de astrólogos, y el de patas de madera torneada, cuentos fantásticos, mitos y leyendas.
-Hay otra cosa que debe saber, cuando un cliente se lleva a una mujer de la tragedia, ella, a veces, abandona la librería y vuelve una vez leída la obra.
Quedé paralizado por un instante, pensando en las consecuencias de llevarme a Ifigenia, tal vez un criado de Agamenón llegue a casa con un mensaje pidiendo que la esconda en el placard hasta que soplen los vientos. (El oráculo de Calcas decía que los vientos soplarían si el rey sacrificaba a su hija y las naves podían navegar hacia Troya. Pero el jefe de los príncipes soportaba la aflicción como una pesada piedra en la conciencia, aguijoneado por el tábano de la razón de estado, su hermano Menealo, el caudillo del lecho nupcial traicionado por la bella e inconstante Helena).
Tal vez Ulises, fecundo en ardides, con retórico discurso sofista, me acuse de bigamia, desde un piquete barrial, obligándome a entregar a la princesa para el sacrificio.
¡Ni pensar en la razón del corazón de Aquiles, el que le arrastraba el ala a Ifigenia en la costa de Aulide, llegando hasta mi casa, derribando la puerta y atravesando mi garganta con un certero golpe de su espada!
Comencé a sudar, casi al borde de un ataque de pánico, cuando escucho la voz del anciano.
-No tiene que preocuparse, solo las heroínas de la tragedia pueden atravesar los dos mundos.
-¿Siempre ocurre de este modo?- pregunto.
- Hay una excepción (contesta el viejo librero), Helena, a veces tarda en regresar, no es como las demás.
-Estoy seguro que usted pronto volverá a este lugar y se llevará a la más bella y seductora mujer de la tierra, cuando eso suceda, no tomará a la ligera las recomendaciones que le daremos para que no vuelva a ocurrir.
-¿Que ocurrió?
El anciano deja pasar unos instantes para responder:
-Ahora lleve a Ifigenia y olvídese de Helena, no es el momento de hablar de ella, no precipite las cosas.
-Gracias por la revelación de las heroínas de la tragedia, hoy aprendí mucho de ustedes, aprendí el significado de la palabra ilusión, pude ver la cesura espacial, por donde ellas entran y salen. Y la veracidad de la banda de papel sobre el vidrio con la leyenda: los textos están aquí.
Me despido, llevando el libro (o a Ifigenia) procurando que nada saliera por la puerta, atravieso el umbral con cautela, atento a cualquier sonido o movimiento por detrás o a los costados de mí, invadido por la atmósfera del lugar, tan singular, que no dejaba entrar ni el ruido del tránsito, ni las luces de las marquesinas de la calle Santa Fe; por eso cuando salí, tuve la sensación de cerrar, no las puertas de una librería, sino las tapas de un cuento.
Marcelo Ocampo




