jueves, 18 de agosto de 2011

Pesadilla en un Hospital de Capital Federal


Querido amigo: ya mas tranquilo, a vos que  me invitaste a participar como panelista en el tema judicialización de la medicina en la semana de la bioética, hace ya algún tiempo, te voy a contar lo que viví: muy desanimado por el estado del hospital en general, entro y veo todo ese montón de gente tratando de trepar un ascensor para que los lleve al lugar de atención; los que pueden llegar liberándose del embutido humano dentro del habitáculo  del único ascensor que  funcionaba, para luego someterse a "metódicas servidumbres" como decía Jorge Luis Borges.

Mi caso fue paradigmático, porque recién llegado de mi ciudad La Plata,   busco un “sillón blanco” para dar rienda suelta a las escatológicas necesidades intestinales, no trascendentales sino finales.
Busqué desesperadamente un baño, algo simple y elemental en la vida cotidiana. Pero ahí empezó la pesadilla, al recorrer todo un piso  del nosocomio,  llego al baño de caballeros pero estaba anegado con aguas turbias, heces flotando, maderas apiladas en el agujero del retrete, era la imagen viva de un lugar arrasado por un Tsumani.
A metros estaba el baño de damas, frente a la emergencia, no dudé, caminé hacia él, pero me detuve frente a la puerta rota mirando con espanto los restos del diluvio noático y la triste escena del arco iris que la voraz boca del sumidero se iba tragando.

¿Recordará Dios la alianza al no ver su arco entre las nubes?
¿Vendrá otra vez la catástrofe ecológica?

Con estos pensamientos en mi mente, literalmente “trepo” hasta el séptimo piso donde había gente amiga en el aula 70, lugar del evento y casi sin aliento pregunto al “Dr. Anfitrión”, por un baño, él que iba a empezar la charla, le dice a una voluntaria que me lleve al baño de Docencia e Investigación, cuando llego al sector, una secretaria que parecía una espía  nazi de la guerra fría, con un revolver y una bala en la recámara dice: -“este sector es  privado, lleve al señor al baño que queda pasando el pasillo, al otro lado del sector y un piso mas abajo”...la señora me acompaña sólo unos metros porque retrocedí a paso marcial y plantándome frente a la secretaria le afirmé enfáticamente -“me hago encima”.

Ella no podía negarme el baño pero lo hizo. Con el destino adverso frente a la necesidad mas escatológica y vergonzante, con mi frente llena de sudor y de venas que serpenteaban la piel como la serpiente intestinal mordiendo la salida inexorable de lo mas execrable, ahí nomás, y frente a la indecorosa adversidad, (cagarme encima), sorteo las líneas enemigas y me  deslizo como un agente de contraespionaje, hacia el  baño del jefe el cual,  en efecto, era del jefe: “VIP”,un amplio pre baño  separado por un biombo de policarbonato del baño propiamente dicho y compuesto de  inodoro, bidet, y coqueto lavatorio, con cerámica, jabón líquido y dos tipos de perfumes, (uno pegado en el cerámico y otro más lejos, pero también al alcance de la mano, en un nivel de aromas  de hotel 4 estrellas).

Una vez evacuada mi necesidad, no tuve más que apretar el botón, (con un caudal de agua del dios Poseidón), que se llevó la inmundicia por el sumidero de entrada a la cloaca, y perfumar en rigor, “exorcizar”, el lugar de la blasfemia con los  benditos perfumes y arreglarme la corbata y la bragueta, para enfrentar a los de “afuera”.

Al salir, la señora alemana, (quien en primera instancia me negó el baño) se dirige a mí con falsa conciencia: -disculpe Doctor, no sabíamos quien era Usted...
 (Vestía saco y corbata y llevaba entre mis manos  una carpeta con logotipo que evidenciaban que estaba invitado a las jornadas).

Me retiré preguntando a la secretaria nazi si tenía crédito ante la eventualidad de una "segunda urgencia” y ella me aseguró que sí.
-Ocurre,  DOCTOR que acá viene “CUALQUIERA” a hacer sus necesidades y nos deja el baño sucio, la gente es muy mal educada- en una  clara alusión a los  pacientes del hospital convertidos en  ciudadanos ilegales, residentes extranjeros,  pobres, sufrientes y maltratados sin derechos como los autóctonos del lugar, o sea “la gente bien”: médicos y secretarias  del sector galeno VIP.

Entonces pude comprender que el hospital para la gente, a nadie le calienta, si alguien no puede cagar dignamente,  a nadie le calienta, que toda la gente amontonada en un solo ascensor, a nadie le calienta, que un saco y una corbata y una firme resistencia como ciudadano sujeto a derecho, abren las puertas de un paraíso falso, construido  sobre enfermedad, miseria, sangre y  cloacas anegadas.

Por eso el Dr. Anfitrión es  pesimista y yo optimista frente a la posibilidad de perforar la judicialización de la medicina, el tema de las jornadas. Cada caso que se judicializa, es la muerte de un médico y el asesinato de un paciente.

Porque no perdí la esperanza, porque avanza la indignación, fuente de reclamo de derechos humanos en justicia,  porque si no cuento esto, el paraíso estará cerrado como los baños para los pobres y sufrientes que ni siquiera pueden cagar dignamente.

Marcelo Ocampo

miércoles, 3 de agosto de 2011

TARDE DE LUNES CON ATENEA


Tarde de lunes, fría, llovizna,
luces envejecidas y enfermas
de un domingo con dioniso.
Una cita a ciegas, como la ceguera de la tragedia.
Luciérnagas de bar con cucarachas atentas,
a metros del grupo Atenea.
Plátanos con  follajes a lunares marrones.   
¿Cómo íbamos a  reconocernos?

 ¡Oh Atenea! la de los ojos glaucos
despejando la bruma, arrojando luz
en  la salobre tarde del lunes,
la  reconocí al instante
en la silla de aquel bar,
bebiendo una lágrima tan blanca
como la flor que Hermes muestra a Ulises
fecundo en ardides,
como antídoto para los hechizos de Circe.

Luego del vuelo circular
De una lechuza numinosa
el bar ya era barca    
con velas de lino anemófilas
y en la proa,  
la vieja encina parlante
de Dodona,
un G.P.S. orientado al  Helesponto
en busca del vellocino de oro.

Y Atenea, la de ojos Glaucos,
se esfuma en el aire cicládico
mientras la  cóncava nave,
surca las epidémicas
 y vinosas olas
de regreso a el Pireo.

Ella espera bajo la sombra 
de aquel primer olivo
que hizo brotar en el camino
para sus amados aqueos
y respira triunfante
flores de bronce y de sangre
de aquel memorable combate
sobre la ciudad de anchas calles.

¡Oh Atenea!, la que lleva  la égida,
pronunciaste en mis oídos
con ecos oníricos
estas aladas palabras:
- Duerme un sueño tranquilo,
el fantasma del adivino Tiresias
ya  se ha ido
la antigua ley de Cronos,
no hará caer las tinieblas
sobre la luz  de tus ojos…    

Y un argénteo dracma gira
actuando una tragedia y una comedia
como una máscara en el proscenio
 del fértil jardín hespérico,
donde la serpiente duerme
acunada por las Hespérides.



Marcelo Ocampo
02/8/2011

jueves, 16 de junio de 2011

LA DIÁSPORA DE LA TRAGEDIA Y DE LA ÉTICA

La Lista de Schindler.
(Imagen de la pelicula de Steven Spielberg)

Estas reflexiones surgen como una necesidad de contar las emociones que sacudieron mi alma luego de escuchar el  relato  de los sobrevivientes de los campos de concentración alemanes, en la reunión del jueves 9 de junio, como una Iniciativa de la Asociación Bio&Sur de Bioética y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación
Llamada: LOS EXPERIMENTOS MÉDICOS NAZIS Y EL CÓDIGO DE NUREMBERG
Memoria y prospectiva en bioética y derechos humanos para las investigaciones
 Invitados:
 Sara Rus, sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Mauthausen, Madre de Plaza de Mayo (Línea Fundadora).

Pedro Boschan, médico y psicoanalista, Profesor de Salud Mental de la Facultad de Medicina (UBA). Miembro de “Generaciones de la Shoá en Argentina”

Salomón Feldberg, sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Sachsenhausen, víctima de los experimentos sobre hepatitis.

El legado trágico de Grecia

El laberinto, la gran ilusión, puede ser una  manera de morir si no se encuentra la salida o también el centro, que es el Minotauro.
La justificación de matar al ser mitad hombre y mitad toro,  puede ser un rito de iniciación, un conocimiento a través de la mirada de aquello que no queremos ver dentro de nosotros o simplemente el odio que siente la joven Ariadna por su medio hermano diferente.
Otros dicen que el minotauro era caníbal, cada nueve años se comía a siete mujeres y hombres de Atenas, por eso Teseo, el valiente muchacho de pura  raigambre ateniense, viene a Creta a matar al monstruo, una singular manera de hacer justicia por la patria matando al diferente, usando la razón estratégica llamada el hilo de Ariadna.
¿Será el mismo hilo el instrumento de la muerte por ahorcamiento de Ariadna?
En Esparta, la ciudad sin murallas, los espartanos arrojaban desde el Monte Taigeto a los recién nacidos con defectos físicos, no como rito de iniciación sino por una razón estratégica e instrumental: no servían para la guerra.
La mirada en la diferencia los excluía de la pertenencia a la especie humana.
La sangre en el monte, la sangre en las 7 puertas de  Tebas,  la sangre en la guerra de Troya, la sangre del sacrificio de Ifigenia muerta a manos de su padre Agamenón por una pueril razón de estado, la sangre coagulada en el cuello de Antígona, que obedeció a las leyes no escritas, de la familia, (el derecho de las sombras de Hegel), toda esta sangre llegó, por el cauce del hespérico río Rin, hasta el siglo XX y sumó mas caudal de sangre hasta desbordar Europa dos veces con las dos guerras mundiales.
Auschwitz, fue otro laberinto, el de la intolerancia y la xenofobia. 7mandamientos honrarán la deshonra.

La razón, el reyezuelo y el fuego

La marcha marcial de la razón estratégica y  de la razón instrumental, acompasada y esvásticamente sonora, se desplaza por el continente europeo, alguien en un exceso de amor a la patria y de odio hacia el otro, decide la guerra.
En la cuenca de las aguas beligerantes, se hunde la acrópolis y el ágora. Solo el Cerámico devenido cementerio con olor a flores de naftalina, quedaba de aquella arquitectura apolínea.
Los generales estudiaron la estrategia de Epaminondas y de Temístocles para la victoria.       La otredad se ahogó en la cuenca de la tragedia, ya no quedaba espacio para cuentos ni poesía, el paraíso se había cerrado.
El caballo alado Pegaso, dejó de ser la inspiración de los poetas y solo se nombraba como el instrumento con el cuál Belerofonte logró matar a la quimera.
En las escuelas solo se podía entonar marchar militaras e himnos bélicos, que ensalcen los valores de la patria, el amor a la patria, la  muerte por la patria.  
Estaba prohibido leer cuentos y mucho menos aquellos que tenían una alegoría de solidaridad como la  fábula del reyezuelo quien vuela en busca del fuego; Dios estaba sentado en la colina del diablo y la pequeña avecilla, le pidió el fuego para los hombres. Dios le hizo la siguiente advertencia: -no vueles demasiado aprisa por que podrás quemarte las plumas.
El reyezuelo así lo hizo, pero al estar cerca de las personas, estas aplaudieron la llegada del fuego y el pobre pájaro, aceleró el vuelo y sus plumas ardieron provocando la caída de la avecilla. Las demás aves, conmovidas, le obsequiaron una pluma cada una y desde entonces el reyezuelo es el ave de pintoresco y abigarrado plumaje.
Solo el búho, no le dio su pluma por eso fue condenado a volar de noche y en soledad como la lechuza de Hegel que vuela al atardecer.
Las aves de la filosofía ilustrada, vuelan solas.
EL reyezuelo pudo volver a volar gracias a la cadena de solidaridad de las aves.
Algunas tradiciones dicen que el ave del fuego se transfiguró en Prometeo, el titán benefactor de la humanidad, que roba el fuego para bien de los hombres, así pueden vencer al miedo atávico a la oscuridad, a las fieras, pueden protegerse del frío y cocinar la carne.
Nadie se detuvo a pensar que una razón de estado, iba a ocultar el fuego a los hombres sumiéndolos de nuevo en la oscuridad unánime. Zeus- führer así lo había decretado. 
La pertenencia a la orden divina, de la divina raza aria, borró el nivel ontológico entre el hombre y Dios, la xenofobia generó la intolerancia y los delirios de eugenesia empujaron al genocidio.  
EL pueblo judío inicia así, la segunda diáspora de la tragedia.
La ética de la razón instrumental genera monstruos, que pierden de vista al otro, el mal en su singular opacidad, hostil al logos, es, en definitiva, un estado totalitario, es decir la locura colectiva, que encierra en ghettos a personas inocentes, mujeres niños hombres sometidos a las torturas mas aberrantes, a atroces experimentos “médicos”, a un destino de sufrimiento y de muerte.
El olvido del holocausto es la victoria de los fundamentalistas.
La memoria del holocausto es la victoria de la dignidad humana.

Las concepciones de la bioética en investigación

Juan Carlos Tealdi, nos informa de la saga de atrocidades en nombre de la ciencia, cuando se forma la Liga de Médicos Nacional Socialistas (3.000 en 1933, 38.000 en 1942), que coordinan la política médica nazi.
Rudolf Rahm, el médico eticista líder de los nazis, supervisaba la calidad de la educación médica.
Ferdinand Sauerbruch, venerado como pionero en cirugía torácica, integró el Comité de Revisión de Investigaciones que aprobó los estudios de mellizos por Mengele en Auschwitz.
Mengele experimentó con mellizos en genética y armas biológicas: infectaba a un mellizo y cuando moría mataba al otro para comparar resultados.
Kurt Gutzeit, dirigió los experimentos sobre hepatitis provocada en niños de Auschwitz: su ayudante, Arnold Dohmen, infectó a 11 niños judíos por punciones hepáticas.
El Juicio de Nuremberg contra 23 médicos nazis acusados de crímenes de guerra comenzó el 9 de diciembre de 1946 y concluyó el 19 de agosto de 1947. Siete médicos fueron condenados a muerte.
Y las violaciones a los derechos humanas continúan hasta el 2011.
La bioética universalista es asediada por la bioética regresiva radical, la cual es fomentada desde intereses económicos de las grandes empresas farmacéuticas.
Esta postura, abandona la Declaración de Helsinki en investigación y la reemplaza por las guías de buenas prácticas clínicas, con la dignidad de las personas vulnerada y los intereses de las empresas de los gobiernos y de la sociedad por encima de los intereses de las personas.
La paradoja más aberrante, está en el significado de la palabra  médico deriva del latín medicus y éste a su vez del verbo griego medeo, cuidar a otro, o sea que el médico tiene en su propia razón de ser el cuidar a personas enfermas. Otra palabra clave es Terapéutica del griego therapeutiké y del verbo therapeuo, servir. En la etimología de ambas palabras hallamos el concepto de cuidar por un lado y de servir por el otro. Esta incursión filológica quiere ser un rescate de la vocación médica en el sentido de profesión y sacerdocio, es el arte por amor al hombre, la ética y la técnica de: “curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre”.


EL LEGADO DE VIDA DE LOS INVITADOS

La pregunta de Pedro Boschan

¿Cuál es la causa por la cuál los médicos de la Liga Nacional socialista, se apartan de su mandato ético y obedecen ciegamente a un sistema totalitario, donde la tortura y la muerte ronda en el aire?
Los alumnos de la facultad de medicina, frente a circunstancias donde la razón de estado se vuelve en contra de la moral, ¿harían lo mismo? ¿Por qué? ¿Quienes? ¿Cuántos?
Si uno solo optara por enrolarse en el genocidio, abandonando su interés primario, entonces hoy como ayer, seguiremos debiendo un gallo a Asclepio.
Hoy la nueva cuenca semántica abierta en el posmodernismo con la cúspide de los grandes laboratorios sobornando y comprando voluntades, es un lado de esa cuenca, bajo el signo de Hermes y su caduceo, el dios de los ladrones,  volando este cielo sin resistencia, desde donde cayó la paloma de Kant, sin ofrecer resistencia frente al relativismo moral.
El mal en su radical opacidad, ya no encierra en ghettos, ya no hay barrotes, todo es más sutil, disimulada en la cotidianeidad  y asociada a la felicidad.
La visión del panóptico Bentham ya no es para vigilar y castigar desde dentro de los muros, sino que es hacia el exterior, la realidad es imagen de la imagen fotoshopeada en infinitos pixeles. Ya no hay distancia entre lente y objeto, el punto blanco en la imagen ha desaparecido, la   pixelización moral es el nuevo escenario.
Con el nuevo orden moral, tras la caída del muro ¿es posible un enrolamiento en el horror? Es posible y está ocurriendo en los centros de formación profesional, donde el paradigma biologicista reina sobre el humanista; en algunos  ensayos clínicos, donde el médico prioriza su interés crematístico en conflicto con su interés primario de bienestar de los pacientes.
En el campo semántico de la herencia griega, nos encontramos con ξενός : xenos, que quiere decir extranjero, enemigo y a la vez amistad hospitalidad al extranjero un "oxímoron" en el significado.  (Diccionario Vox griego español)
Si a esa raíz sumamos Φόϐος: Fobos:, que es pánico tenemos instalada la xenofobia: Odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros. (Real Academia Española)
Una tensión semántica como supersigno, que determina, en el camino de la lengua, la llegada hasta Occidente de la xenofobia y por tanto de la intolerancia, como caldo de cultivo para el totalitarismo.

El sueño de Salomón Feldberg

La vara de ciprés de Asclepio (Esculapio), tiene enroscada una serpiente arborícola, cóluber longisimus, de color amarillo, por eso el amarillo es el color de la medicina.
También lo es de la ictericia, otra vez a Grecia por el camino de la lengua, ya que en griego amarillo es : ἴκτερος,.
En los experimentos con hepatitis, los 18 elegidos, entre ellos Salomón, han sufrido el horror, pero el poder curativo del alma, ha quedado demostrado: Asclepio descendió y en un rito de incubación, como terapéutica onírica, logró la curación sin secuelas del joven Salomón.
La ictericia es el símbolo de aquellos virus  inoculados malsanamente,  pero también lo es del poder curativo de la serpiente amarilla en el báculo de Asclepio, encarnado en aquel médico  alemán que inicia la cadena de salvación.
Luego se supo y fueron bautizados los 21000 justos entre las naciones del mundo.    
Salomón  pudo filmar y narrar su estadía en el infierno nazi, como Ulises pudo contar el sufrimiento y la lucha por  sobrevivir. Un legado de memoria y una derrota a la muerte que es  una  derrota al olvido. 


Sara Rus: dos veces Antígona:

En la tragedia Antígona, de Sófocles, ella desobedece a su tío a la vez regente en Tebas.
El había ordenado mediante un decreto, no dar sepultura al cadáver de Polinices, muerto a manos de su hermano en la séptima puerta de la ciudad. La desobediencia era la muerte.
Antígona, no obedece y arroja tierra sobre el cadáver insepulto de su hermano.
Creonte, decreta que ella debe morir, pero Antígona se ahorca en su tumba.
El agón o  conflicto trágico es la defensa de Antígona de la ley no escrita, aquella moral de los penates familiares, que se rebela en contra de la obediencia a la razón de estado o ley de los hombres impuesta injustamente por Creonte.
 Sara Rus, al luchar por la vida de su madre, desobedeciendo las órdenes del soldado alemán, es Antígona enfrentando a Creonte.
La paradoja, es que años después, en otro proscenio del horror, es otra vez Antígona en la Argentina al enfrentar al monstruo de tres cabezas y color verde oliva.
Esta razón de estado, (otra vez la ley de la ética  como razón de estado en contra de la  moral), hace desaparecer a su hijo. Ella y su marido, reclaman por el destino de su hijo, pero la hipocresía de Videla niega la tragedia de los desaparecidos.
Una semana antes del 9 de junio, viene a casa una amiga que hacía 35 años no veía. Ella estuvo presa (lo supe después de años) y su hermana mi gran amiga de los años 70, desaparecida. El equipo de antropología, identificó sus restos que pronto le serán entregados. Cuando nos vimos nos reconocimos al instante, no al “estás igual”. Ella vio mi cotidianeidad y en ella nos dimos un fraternal abrazo.
Nos sentimos parte de la sociedad de valores universales, parte de esa memoria de frío siberiano en el país, del temor a las culatas, del  curioso contraste de cachiporra y llanto de dragones camuflados con botas marrones y aliento a fango, bajo un cielo de pólvora y una pesada bruma que hundía la recta del horizonte. Pero el derecho a la libertad, traía la dignidad a la conciencia y en las narices, un perfume a revolución, como rara flor de jazmín y de sangre.      
 

A modo de conclusión

¿Porque todo no ha desaparecido aún?, se pregunta Baudrillard.
Cuando el jueves 9 de junio, en el ámbito de la secretaría de Derechos Humanos, escuché el relato de las tres personas que, de la oscuridad mas radical, lograron salir a la luz, escapar del genocidio, mi emoción inicial fue de piedad, luego y a medida que el verbo del relato se iba tatuando en mi piel sensible, mi alma iba siendo invadido por una singular aflicción, como de plomo fundido.
No se como fue el proceso, pero de repente, como si Poseidón con su tridente haya golpeado la fuente de mi conciencia, brotó un manantial de indignación, frente a tanto horror.
Allí pude ver como fantasmas,  los ojos poliédricos del reptil con escamas en forma de esvástica.
Luego,  posé la mirada en los nobles rostros, de aquellas bellas personas, con su cruz de sobrevivientes para contar para no olvidar, para regar las fuentes de la querida memoria.
Escapar de la muerte, de varias formas de morir, de hambre, de tristeza, de un balazo.
Y la poesía de la Odisea, como símbolo de la lucha por la supervivencia. Ulises pudo cegar al monstruo de un solo ojo y salir de la cueva del horror.
Cuando los otros cíclopes preguntan a Polifemo -¿Quién te hizo daño?, -nadie, contestó él.  Y los cíclopes lo creyeron loco. “Nadie” como forma de olvidar, nadie como la locura de alguien que cometió canibalismo con los compañeros de Ulises, fecundo en ardides. El olvido es una forma de locura y de muerte como lo es  el genocidio.
La memoria y el contar es elegir la vida,  el legado de la lucha por sobrevivir y la indignación frente a la injusticia mas atroz, memoria para que ese mal no vuelva a canibalizar a la humanidad.     
La diáspora de la tragedia y de la ética, que, en la heroína Sara Rus, ocurrió dos veces,   es también la diáspora de la esperanza por  aquellos 21000 justos entre naciones,  una marcha de corazones que deposita la  fe en la raza humana.
Ahí en esa reunión, con los testimonios de estos sobrevivientes del holocausto con su mensaje de justicia, esperanza y memoria,   encontré la respuesta de porqué todo no ha desaparecido y seguimos “eligiendo la vida”. 

Marcelo Ocampo

jueves, 26 de mayo de 2011

Alergia y Autoinmunidad

sábado, 9 de abril de 2011

EL CAMINO DE HIPOTENUSA -La aflicción de Pitágoras-


Un día, Hipotenusa, se arrojó a las aguas del Nilo, nadó un trecho, montó en un buey camino a occidente, luego, en toro, llegó a Tebas y de ahí en burro, hasta Judea.
Sabe que en Tebas hay un niño Dios, coronado de hiedras y de pámpanos y en Belén, otro niño dios nacerá, se mecerá en la cuna y la cruz será su sacrificio.
El carpintero construyó la cuna y la cruz.

Hipotenusa, pronto reinará en algún lugar, como ya reinó hace años, no se sabe cuántos, en el bajo Egipto.
Ella tiene memoria de un paraíso perdido en la antigua sabana africana.

Pitágoras, se despierta esa mañana, lava su cara de legañas en el agua de la jofaina, se sirve un magro desayuno de pan de cebada, agua (no bebía vino) y una aceituna. Satisfecho el primer apetito, va a casa de Milón de Crotona, su mecenas y su alumno, abre la puerta debajo del dintel, atraviesa el patio, el pórtico, sube las escaleras de madera, golpea la puerta de doble hoja de encina que da paso a la estancia y, desde adentro, él contesta: - pasa querido maestro, ya estoy despierto.

Pitágoras, presa de una gran aflicción, ingresa y pregunta: - Milón, discípulo predilecto, ¿haz visto a Hipotenusa?
Con aliento a buey en celo, Milón, acostado al lado de una mujer diestra en primorosas labores, contesta:- ¡Oh, maestro!, no la he visto, sabes que no comprendo muy bien a Hipotenusa y sus catetos, soy un soldado que se prepara para combatir contra Sibaris, la ciudad de los corruptos, la vamos a aplastar, mataremos a todos los hombres y nos haremos de un gran botín de oro, ganado y de bellas mujeres que serán nuestras esclavas.

Atribulado, Pitágoras, se retira, camina por las angostas calles de tierra, preguntando a cada habitante de la polis, por su querida Hipotenusa.
Nadie la ha visto.
Muchos pensaron que el maestro se había vuelto loco.
Para colmo, corría el rumor de su creencia en seres lunares sin boca que él llamaba “daiomones”.

Pitágoras, muy afligido, vuelve a casa, sin albergar la esperanza de encontrarla, pensado que tal vez, algunos acusmáticos arrepentidos de su orden, la habrían raptado.
Estos desertores, dejaron de creer en verdades indemostrables y guiaban sus acciones por axiomas vacíos de toda moral.
Ya no comulgaban con la hetería soteriológica de la cofradía pitagórica.

El juramento era el recurso del lenguaje, entre la polis y la religión, pero, las imprecaciones eran cuestión cotidiana, el poder y el conocimiento había que mantenerlo entre unos pocos. En la parodia de juicios en el Areópago, los jueces eran parte de la gran conspiración.
Pitágoras era un instrumento para sus planes. Los que cometieron perjurio contra él, siempre vieron a Hipotenusa, su hija legítima, como una amenaza para su mundo de intrigas y de sofismas.

Los aritméticos, en cambio, estaban enamorados de Hipotenusa, algunos se animaron a pedir su mano, pero el maestro tenía otros planes para ella.

Lo cierto es que la raíz cuadrada de 25, sin el 5, ya era nada.

Y los sofistas avanzaban con sus retóricos discursos, arengando a las masas.
Pitágoras vuelve a Samos, llevando en una bolsa de cuero, los cadáveres de dos catetos y de un ángulo recto.

Luego de un largo tiempo, Pitágoras, sentado en un promontorio rocoso de Samos, concentró su mente, hasta entrar en trance siguiendo las milenarias técnicas aprendidas de consagrados chamanes como Zalmoxis y Abaris.

Su cuerpo quedó inmóvil y su alma extática, partió hacia donde nacen las voces de los vientos, buscando noticias de su hija.
En su chamánico vuelo, pregunta a los vientos, y a las otras almas que vagan sin destino en las praderas de Asfódelos, por su querida Hipotenusa.
Nadie la había visto.

Hasta que, al noveno día, mas allá de la pradera de los muertos, el alma del chamán llega a un lugar, pasando por una puerta de 7 estrellas: era el país de los aromas.
Fue ahí donde el alma de Pitágoras termina el largo viaje.
Hipotenusa, su querida hija, estaba en medio del bosque de aromas, plácidamente sentada sobre un soberbio trono de asiento hueco, con un cetro de oro y engarces de perlas y de ámbares.

Sobre su cabeza, lucía una hermosa corona de cinco puntas, tan brillante como el sol y un par de bellos aros, colgaban de sus rosados lóbulos, con la forma del símbolo áurico.
Un collar de plata con una gran estrella pentagonal de marfil, adornaba su largo y níveo cuello.
Hipotenusa era la reina de un nuevo mundo, de un paraíso, con árboles de mirra y de incienso, alimentados por los brazos de cuatro ríos, con hombres y mujeres de una gran bondad que se alimentaban de malva y asfódelo, mientras gozaban de los aromas, en el país más allá del cielo, con el sonido envolvente y celestial de las flautas de Euterpe.
Aquella beatitud incorruptible, llenó de luz inicial el alma de Pitágoras, que ya no tenía necesidad de volver a su cuerpo extático en Samos, porque ya, era parte del todo.


Marcelo Ocampo

viernes, 18 de marzo de 2011

Siempre fuiste Carlitos -A mi padre-



Papá, a pesar de las peleas inútiles acerca de política, el destino me hizo testigo de tu agonía, del último suspiro, y te fuiste, tragando la última sopa de un sorbo, con una sonrisa y con esa esquelética imagen de lo ineluctable, apenas oculto entre bromas y el zorro en la televisión, con el sargento García haciendo de las suyas, justo en el instante inicial, cuando Estudiantes metía un gol. (De la brujita)
Y los pañales descartables, que sitúan a Borges en el colchón de las metódicas servidumbres, con la escoria de de la carne viva, con esa pierna atada a lo barrotes de la cama.
Tu dignidad podía mas, estabas en otro lugar, tu gemelo, hijo del laberinto, ya te había indicado el camino.
Siempre fuiste Carlitos.
-Se lastima, dice la enfermera. -Por eso tenemos que atarlo.
-¿A quien? Pregunté.
- A Carlitos, me contesta con sorpresa.
¿Cómo se puede atar el alma si ya no estabas ahí?
-Clínicamente Carlitos está bien, dice el doctor, cuando ya dejaste de ser, paciente.

Y tragando la sopa de un sorbo, sopera sopa de letras no pronunciadas, sabiendo que era el último alimento y embriagando las pupilas con el enorme sol que entraba por la ventana del quinto piso de la clínica, un testamento de luz, en cama ajena, aquella que tocó en suerte.
No te sorprendió la muerte que esperabas con alguna ansiedad, en la última y seductora cita.
Sí, vos la querías, tanto y tanto la querías.
¡Mienten aquellos que dicen que el sol y la muerte no pueden verse a la cara!
Mienten descaradamente, yo fui testigo, de sus blasfemas palabras, de sus inútiles perjurios, que ya se hundieron, para siempre, bajo los terrones de la húmeda y fría azúcar negra.
Tus nietos nunca te vieron beber la sopa- me lo dijeron- siempre te escucharon gritar el gol de tantas copas.
Siempre supieron que el nombre del abuelo era y es Carlitos.
Te oímos llorar, de puro macho, con el tinto en la garganta al ritmo del dos por cuatro, de la almohada bandoneón del gordo dormilón y, (dicen), en el zaguán con la trompeta de Satchmo y, en el hogar del minotauro, con yellow submarine, detrás del estadio.
Y te fuiste a Medellín, desde donde la voz canta mejor y el hollín no tizne la flor en el ojal, y fuiste soldado en la banda de patrulla americana, y ya, jardinero del cielo, sembraste el más bello naranjo en flor.
Y cantaste con tu afinada voz, la primera canción de cuna, para el nieto que aún estaba en el nido, antes que la madre sepa.
Y ya, transitando el camino de los “eternautas”, un amigo de las estrellas, te dijo, con voz compinche, casi al oído: siempre fuiste, Carlitos…

Marcelo
16/3/2011

lunes, 7 de marzo de 2011

Caso Melina

Antígona.Foto: Espai Brossa

El jueves 3 se realizó la reunión propuesta por Bio&Sud y la secretaría de derechos humanos, por el caso Melina, la joven de 19 años que pedía una sedación profunda para no tener conciencia del dolor, un reclamo desde la autonomía sólidamente fundamentado por ella y la madre, una muerte digna, sin dolor ni sufrimiento, claramente distinto a una eutanasia. Los médicos llevaron el caso al comité de bioética del Garrahan ¿(Bioetización)? el cuál recomendó - en realidad dictaminó- que no se lleve a cabo el pedido de la paciente. Ella muere el martes 1ro y no se sabe porqué (tal vez la presión mediática) ni quienes decidieron dormir a Melina desde el viernes 25 de febrero.

El testimonio de la madre, fue la cúspide del dolor, de la indignación, sus palabras eran verbo hecho carne, otra vez la piel sensible la carne doliente y la razón lúcida. Una mujer reivindicando los derechos de su hija, tan joven y tan lúcida y tan sufriente, pesando 18 kilos, operada varias veces por su neurofibromatosis y su cáncer, pobrecita con tantas cruces encima y el lúcido reclamo de la sedación profunda no tenido en cuenta por los médicos, colocan a Melina y a su madre en la saga de las antígonas, en un tiempo en que la tragedia ya no es ciega pero tampoco se supo o se quiso ver.

El principio del fin de la medicina está cerca si no logramos recuperar el interés principal del médico y del equipo de salud: la dignidad y el bienestar de los pacientes.  

Marcelo Ocampo

PAGINA 12 – LUNES 28 DE FEBRERO DE 2011.-
EL TESTIMONIO DE UNA PACIENTE TERMINAL QUE PIDE MORIR CON DIGNIDAD Y RECLAMA UN LEY PARA CASOS SIMILARES
“Quiero transitar lo último que me queda en paz”
Tiene 19 años, está internada en el Hospital Garrahan y su estado es terminal. Con una lucidez formidable, esbozó ante Página/12 su pedido: que los médicos la duerman hasta morir. También reclama a la Presidenta y el Congreso una ley de muerte digna.

Por Mariana Carbajal

Melina González está postrada en la cama de una de las habitaciones del Hospital Garrahan. Su delgadez impresiona, igual que su palidez mortuoria. Tiene casi todo su cuerpo escuálido paralizado. “Yo les ruego cada día, no sé como pedirles (a los médicos) que me duerman, para poder estar en paz”, dijo a Página/12. La adolescente, de 19 años, que pesa menos de 18 kilos, está internada hace más de un mes, con una enfermedad degenerativa del sistema nervioso que no tiene cura. Su calidad de vida –explicó ella– se deteriora día a día. Con esfuerzo, para que se escuche su voz, pidió a la presidenta Cristina Fernández que convoque al Congreso para debatir una ley que le permita una muerte digna. “Yo creo que como el mío hay un montón de casos similares. Y estaría bueno que haya una ley que nos ampare a los que estamos enfermos, que nos comprenda”, dijo, acompañada por su madre, Susana Bustamante, que trata de no alejarse ni un minuto de su lado y la apoya en esta dolorosa lucha.

En su espalda quedan las huellas de un tumor maligno que le tuvieron que extirpar en 2009 y por el que fue sometida a quimio y radioterapia a lo largo de 2010. “Quiero transitar lo último que me queda en paz, sin sufrir, durmiendo”, insistió Melina. La voz suena clara, pero cascada.

Melina quiso hablar con este diario para contar su situación. La charla fue grabada el miércoles por la tarde en la habitación del hospital. La adolescente reclamó que le suministraran una sedación lo suficientemente profunda para no tener conciencia hasta morir, luego de que los médicos del Comité de Etica del Garrahan rechazaran su petición, en un dictamen fechado el 4 de febrero, con el argumento de que su cuadro no se encuentra en fase terminal y, por tanto, no están amparados para cumplir con su voluntad. En diálogo con este diario, Melina les respondió: “No es digno vivir así: tengo paralizado casi todo el cuerpo y lo poco que siento, me duele. No puedo sostener ni una taza y tengo que estar acostada. Me ahogo, no puedo respirar.

No es vida, no quiero seguir así. Y ellos no me entienden, piensan que siempre se puede salir adelante. Pero yo no doy más, no puedo”. A pesar de su cuadro médico, Melina está lúcida y expresa con suma claridad su posición.

Está previsto que el “caso Melina” sea analizado el próximo jueves en una reunión convocada en el ámbito del Ministerio de Justicia por la Red Argentina de Bioética y Derechos Humanos, una iniciativa de la Asociación Bio&Sur de Bioética y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. “Este es un caso muy particular: no entra dentro de la casuística nacional ni internacional. No está pidiendo eutanasia, tampoco que dejen de tratarla. Pide que la duerman. Está pidiendo evitar la conciencia del morir. Habitualmente en medicina se piensa en el sufrimiento físico. Este es un sufrimiento psíquico fundamentalmente. Está pidiendo que la priven de conciencia. Es la libre decisión para perder la capacidad de decisión. Creo que no es fácil de argumentar, pero que su pedido es atendible”, opinó el médico Juan Carlos Tealdi, coordinador de Bioética de la Secretaría de Derechos Humanos y, además, del Programa de Bioética del Hospital de Clínicas.

Metáforas

Tal como informó Página/12 una semana atrás, Melina tiene un diagnóstico desde los tres años de neurofibromatosis tipo 1, una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, y además sufre cifoescoliosis severa, que le causó la deformación de la columna. Fue operada en seis oportunidades en su infancia. De acuerdo con su historia clínica “desde junio de 2008 presenta, además, restricción respiratoria severa”.

–A mí se me hace muy pesado todo. Los médicos no me dan respuestas. Hablan con metáforas y no se les entiende –empieza el diálogo Melina. En la mesa que está al lado de su cama se ven fotos del bebé recién nacido de una amiga. Ella iba a ser su madrina. Lo pudo conocer. La amiga la visitó con la criatura. Recuerda ese momento y es el único instante en que se puede ver en sus labios un esbozo de sonrisa. No permite que ningún otro amigo la visite desde que llegó al hospital el 24 de enero y el deterioro de su salud se precipitó. Prefiere que la recuerden con la sonrisa que iluminaba su rostro cuando estaba bien y a pesar de sus múltiples dolencias, hacía una vida normal. Sólo deja que la vean sus dos hermanos, de 25 y 23 años, y su madrina, además de su mamá.

–¿Qué le está pidiendo a los médicos? –preguntó Página/12, el único medio al que quiso recibir.
–Que me duerman, porque no es digno estar así, si tengo paralizado todo el cuerpo. Lo único que me anda es esta parte –se señala desde la zona del pecho hacia la cabeza– y los brazos, pero tengo poca fuerza. Ya no puedo sostener ni una taza porque me pesa. Y lo poco que siento (del cuerpo) me duele. Después estoy en la cama todo el día acostada. No es digno. Esto no es vivir.

–¿Qué le dicen los médicos?
–Los médicos piensan que voy a poder salir a bailar la conga. Ahora intentan darme medicación pero ya no me hace efecto, mi cuerpo la rechaza.

–Entonces, ¿los medicamentos no la duermen?
–No. Yo les decía, si ellos hubiesen aceptado mi decisión desde hace tiempo no estaría viviendo todo esto, no estaría sufriendo.

–En el 2009, cuando le extirparon el tumor de la espalda, dejó por escrito ante un escribano que no quería que la mantuvieran conectada a un respirador artificial...
–No quería nada que desmejore mi calidad de vida, y entonces hice el testamento.

–¿Por qué cree que los médicos no aceptan su pedido?
–Por ahí tienen miedo porque hay gente que confunde el descanso, una sedación paliativa, con la eutanasia.

–Me decía que los médicos hablan con metáforas, que no se les entiende. ¿Qué dicen?
–Cuando yo les expresé que quería dormirme y no saber más nada y no seguir empeorando cada día más, ellos me decían que yo estaba equivocada porque quiero blanco o negro, no quiero matices. Y que con dolor no podía pensar. Y me decían que cuando pase un poco más de tiempo yo iba a querer seguir viviendo así. (Pero a mí) se me hace muy, muy pesado. Sobre todo a la noche me angustio mucho.

–¿Está reclamando además una ley de muerte digna?
–Yo creo que como el mío hay un montón de casos similares. Y estaría bueno que haya una ley que nos ampare a los que estamos enfermos, que nos comprenda.

–¿Qué debería contemplar la ley?
–El sufrimiento de las personas. Vamos a ver si la Presidenta se ocupa. Ella puede pedir que el Congreso se reúna. Podría crearse un tribunal de salud (para evaluar estos casos).
Hasta que cayó postrada, Melina hacía una vida normal. Terminó el secundario en el Instituto San Francisco Solano, de Claypole, en 2009, e incluso se fue de viaje de egresada a Bariloche. Estudió teatro en la Escuela Municipal de Bellas Artes y estaba haciendo un curso de dramaturgia en el Centro Cultural Rojas, de la UBA. Tenía en sus planes estudiar una carrera vinculada con el medio ambiente. Además, trabajaba haciendo tortas para eventos. Con esos antecedentes, los médicos piensan que podría volver a salir adelante.

Pero Melina dice que su cuadro actual no es comparable con otras circunstancias que tuvo que enfrentar:
–Ellos están comparando mi calidad de vida de antes con la de ahora: no tiene comparación. Todas las operaciones y las cosas que a mí me pasaron anteriormente fueron diferentes. Ahora no siento nada, no siento las piernas, no siento la panza. La situación cambió. Ellos me dijeron que lo mío no tiene vuelta atrás. Cada vez sube más la parálisis. Me están haciendo sufrir cada vez más. Quiero transitar lo último que me queda en paz, sin sufrir, durmiendo.

El viernes por la tarde, la mamá de Melina se comunicó con este diario para informar que en las últimas horas su hija había recibido medicación que le había producido un sueño profundo, aunque no tiene la certeza de que la adolescente no vuelva a tener conciencia.

El dictamen del Comité de Bioética

Por Mariana Carbajal
El 4 de febrero, el Comité de Bioética del Hospital Garrahan emitió un dictamen que rechazó el pedido de Melina González de una sedación profunda para perder la conciencia hasta la muerte.

Su solicitud fue analizada por el cuerpo, según consta en el acta a la que accedió Página/12, en una reunión convocada el 28 de enero. Aunque la resolución del Comité no es vinculante, tiene carácter de recomendación, los médicos que la tratan no han accedido a su voluntad. Alegan que su cuadro no es terminal. Al menos, ésa era la situación hasta la sedación de los últimos días, aunque la madre de Melina no sabe si será permanente. El dictamen lleva la firma de la coordinadora del cuerpo, la doctora Fernanda Ledesma. “La sedación paliativa terminal es un procedimiento médicamente procedente y éticamente aceptado frente a pacientes que se encuentran próximos a la muerte y para los cuales se carece ya de toda medida terapéutica alternativa que pueda siquiera brindarle algo de confort. Pero fuera de las situaciones previstas clínicamente no resulta una medida adecuada ni justificada. Por ello mismo, y a medida que evolucione, el equipo de salud deberá junto a Melina y su familia, ir evaluando permanentemente las diversas alternativas terapéuticas en pos de indagar acerca de algún cambio de opinión acerca de las terapias aceptadas o rechazadas, o de las distintas posibilidades terapéuticas con las que se cuenta científicamente para tratar su deterioro y su sufrimiento”, consideró el Comité.

Los proyectos de “muerte digna”

En la ciudad de Buenos Aires no hay ley de “muerte digna”, tampoco a nivel nacional. Sólo en la provincia de Río Negro hay una normativa. Algunos legisladores porteños están preocupados por el vacío legal, entre ellos, Gabriela Alegre, de Encuentro Popular para la Victoria. “Estamos trabajando, junto con especialistas, en un proyecto de ley de muerte digna que vamos a presentar en marzo en la Legislatura de la Ciudad. Nuestro objetivo es que en todos los hospitales de la ciudad, públicos o privados, las personas puedan ejercer su derecho a la autonomía y que se las respete como sujetos dignos con capacidades de decidir en el momento de la muerte. También pretendemos dar certezas a los profesionales de la salud y transparentar y regular una práctica que existe, que todos sabemos que se da, pero que actualmente los/as médicos/as realizan en total soledad emocional, jurídica e institucional”, adelantó Alegre. María José Lubertino, por su parte, está preparando otro proyecto.

EL MEDICO CARLOS GHERARDI ADVIERTE SOBRE EL DERECHO DE LOS PACIENTES
Una visión desde la bioética
Reconocido experto en bioética, Gherardi señala que el sufrimiento psíquico debe ponerse en igualdad de condiciones con el físico. “Los médicos deben facilitar que se cumplan los derechos de los pacientes”, destaca. Y reclama una ley nacional.

Por Mariana Carbajal
“A veces se menosprecia el sufrimiento psíquico como el de Melina, que además siente dolor físico”, advirtió el médico Carlos Gherardi, integrante del Comité de Bioética de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva, reconocido experto en la temática. Autor del libro Vida y muerte en Terapia Intensiva. Estrategias para conocer y participar de las decisiones, Gherardi está convencido de que el marco legal vigente avala el cumplimiento de la voluntad de Melina, sin que los médicos se arriesguen a una demanda judicial. En su opinión, Melina debería exigir una segunda opinión de otro equipo médico, dado que en el Hospital Garrahan, donde está internada, se niegan a acceder a su pedido de una sedación profunda hasta que muera. “Si bien yo creo que los médicos no tienen la obligación de hacer lo que no están médicamente de acuerdo, sí tienen que facilitar que los derechos de los pacientes algún otro equipo médico que los comparta pueda garantizarlos”, señaló en una entrevista de Página/12.

–Melina pide que la duerman lo suficientemente profundo como para no tener conciencia de su estado hasta que le llegue la muerte. ¿Hay legislación que ampare su voluntad?
–La ley nacional 26.529 sancionada en noviembre de 2009, llamada de Derechos del Paciente, Historia Clínica y Consentimiento Informado, si bien no contiene todos los supuestos que debería tener una ley “de muerte digna”, para usar la denominación coloquial habitual, contiene elementos que significan un avance cierto en varios aspectos relativos al tema que tratamos. Las grandes carencias de esta ley son no referirse a los pacientes inconscientes y a todo el tema del soporte vital (es decir, la abstención y retiro por ejemplo de un respirador artificial) que es la gran diferencia con la ley provincial de Río Negro, pero que no son aplicables a la paciente Melina. La 26.529 es una ley civil, de orden público y por tanto, de aplicación en todo el país. Lo más importante es que se les da apoyatura legal a las directivas anticipadas en línea con lo normatizado ya en el artículo 19 de nuestra Constitución Nacional. Y defiende enfáticamente los derechos del paciente a decidir con respecto a su integridad, dignidad, autonomía, libertad y valores personales. Se refiere, asimismo, al derecho a rechazar tratamientos. Excluye explícitamente el derecho a solicitar prácticas eutanásicas. La directiva anticipada hecha por Melina ante un escribano cumplimenta este requerimiento y podría quizá ser mejorada respecto no sólo de no usar medios mecánicos –que pueden brindarle en una terapia intensiva–, sino solicitar sedación paliativa.

–¿Cuál es la diferencia con la eutanasia?
–La Asociación Española de Cuidados Paliativos (Secpal) distingue entre la sedación paliativa y la terminal y en agonía. Dice que “se entiende por sedación paliativa la administración deliberada de fármacos, en las dosis y combinaciones requeridas, para reducir la conciencia de un paciente con enfermedad avanzada o terminal, tanto como sea preciso para aliviar adecuadamente uno o más síntomas refractarios y con su consentimiento explícito, implícito o delegado. Se trata de una sedación primaria, que puede ser continua o intermitente, superficial o profunda. Los requerimientos éticos serían: 1. Existencia de un síntoma refractario (cuando no puede ser adecuadamente controlado). 2. Objetivo de reducir sufrimiento o distrés. 3. Reducción proporcionada del nivel de conciencia a la necesidad del alivio del sufrimiento”. La diferencia con la eutanasia es clara. Eutanasia es el pedido voluntario de un paciente con una enfermedad mortal o sufrimiento insoportable de que un tercero le provoque la muerte para su propio beneficio (el que el paciente identifica como tal), con la administración de un tóxico o droga que por sí mismo provoque la muerte. Es la que existe legalmente en Holanda, Bélgica y Luxenburgo. En Argentina esto es un homicidio. Contrariamente, si la administración de una droga como la morfina en dosis crecientes para calmar el dolor adelanta en el tiempo la llegada de la muerte, está moralmente permitido, y es buena praxis médica.

–¿En ese caso el profesional está protegido por la ley?
–Sí, y hasta es aceptada por la Iglesia Católica por el principio moral del doble efecto: hay una intención primaria y total buena y un efecto colateral posible no deseable ni buscado como consecuencia de conseguir el primer resultado necesario. En el caso de Melina se trata de una sedación que no le provocará la muerte, sino una disminución de su nivel de conciencia pero se le mantendrá, estimo, la alimentación, la nutrición y otras medidas que aseguren su confort y alivio.

–Los médicos fundamentan su negativa en que consideran que su estado no es terminal. Dicen que otras veces salió adelante. Pero ella insiste en que ya tiene casi todo el cuerpo paralizado, que siente muchos dolores en la pequeña superficie corporal que todavía puede mover, que ni siquiera se puede sentar, que está acostada, y que no es ésa una vida digna, por eso quiere una sedación profunda.

–El punto central está en que el equipo de salud que la atiende no cree que se trate de un caso avanzado o terminal y que el sufrimiento psíquico y físico no se lo considera refractario o con una entidad tal que merezca esta sedación que solicita y que no será la causa de la muerte. Y esto es otro aspecto del problema, más allá del temor a una demanda judicial que creo imposible si tiene la directiva anticipada hecha con plena lucidez y hasta con acuerdo de los padres. Y me parece que en este caso la paciente y la familia tienen el derecho a una “segunda opinión” de otro equipo de salud. Es un derecho que está garantizado por esta Ley 26529 aunque lo dice con otro nombre. La ley 26529 dice en el artículo 2º, inciso g: “Interconsulta Médica: El paciente tiene derecho a recibir la información sanitaria por escrito, a fin de obtener una segunda opinión sobre el diagnóstico, pronóstico o tratamiento relacionados con su estado de salud”. Este tema de la segunda opinión tiende a proteger los derechos de los pacientes. Si bien yo creo que los médicos no tienen la obligación de hacer lo que no están médicamente de acuerdo, sí tienen que facilitar que los derechos de los pacientes algún otro equipo médico que los comparta pueda garantizarlos. Esto pasa con los Testigos de Jehová: si un médico no está de acuerdo en no hacer una transfusión de sangre que el paciente rechaza por razones religiosas tiene la obligación de trasladarlo a otro lado donde alguien esté dispuesto a consentir ese pedido religioso aunque por ello ocurra la muerte. En Argentina hay un fallo de la Corte sobre un paciente Testigo de Jehová, el caso Bahamondez, que protege la autonomía absoluta del paciente en estos casos. Hace unos días tomó estado público una muerte al respecto, pero al médico no le pasará nada porque el paciente tenía su directiva en una escritura.

–¿Qué legislación hace falta en el país para garantizar, sin controversia, la voluntad de los pacientes a tener una muerte digna?
–Una ley que contemple a nivel nacional, como la de Río Negro, la situación de los pacientes inconscientes, permitiendo la participación familiar en la decisión –como ocurre por ejemplo en la donación de órganos–, y la particular situación de la abstención y retiro de soportes vitales (respiradores, alimentación y nutrición). Simultáneamente debería trabajarse para frenar en los tribunales “la industria del juicio” que aterroriza a los médicos a veces justamente y otras veces no, como en este caso. De todos modos, ni la más refinada técnica legislativa ni los pronunciamientos judiciales, por mejores que fueran, resolverán nada si no se comprende que estos temas de la vida y de la muerte son de la sociedad y no de la medicina. Por el contrario, rescatar la intimidad de las decisiones entre paciente, familias y equipo de salud será imprescindible para avanzar.

domingo, 27 de febrero de 2011

El sacramento matrimonial y el ángel carmesí


Era el hijo preferido de la ordenada y prolija familia de un varón y tres mujeres, 4 hijos en total. Era el orgullo del hogar, adoctrinado y pulcro, no transpiraba ni bebía alcohol, ni se unía a la algarabía adolescente. Educado con templarios modales, portador gestual de una indeleble sonrisa y mirada autosuficiente, había aprendido enciclopedias completas, hablaba tres idiomas y solo bebía bibliotecas y parroquias; todo lo demás era, naturalmente insignificante.

Creció en un hogar de clase media, o más que media, la mejor. Los vulgares compañeros de colegio, le decían burlonamente: “cachorro de cura” en su época de monaguillo.
Luego pasó buena parte de su juventud evangelizando por lugares pobres donde parecía que Dios se había olvidado de mirar. Fueron sus años de misionero, en la orden de los mochileros de la fe.

En la misión divina, conoció a una chica, distinta a las demás, con la mochila de fe color rosa pálido de la orden femenina, también de hábitos ascéticos, de pocas palabras, casi lacónica, como él.

Era la pareja perfecta, un solo defecto que él disimulaba, a ella le gustaba, de vez en cuando, tomar unas copitas, no muchas, pero sí las suficientes como para hablarse encima. Las palabras que brotaban de su boca, en esos momentos, eran dobles y filosas como navajas, otra vez lacónicas, pero carnavalescas, sin la dignidad ni el entrenamiento de las auténticas mujeres espartanas.

Y llegó el día del casorio, una prolija lista de casamiento y de invitados, no podía faltar nadie de los convocados, en la foto tenían que estar retratadas todas las caras, aún la de aquellas personas convocadas por conveniencia o compromiso.

En la nave del templo, unos pocos, podían ver la sombra del ángel carmesí, sin espalda pero con espada tan hábil y diestro en su manejo, que podría haber ensartado los chinchulines de muchos de los parientes y amistades, incluido el sacerdote detrás del altar.
La espada sería así un espetón de jugosas vísceras hechas a fuego lento y de crujientes “chorizos especiados al infierno” elaborados con la carne y la sangre de las víctimas, en un exceso de amor evangelizador.

Para celebrar el ritual de la nueva secta, el ángel, vestiría una túnica negra para hacer buen contraste con sus alas carmesí. Su cabeza estaría coronada con una mitra dorada con seis ínfulas color granada.
-La secta estaba naciendo dentro del templo, religando numinosamente mediante rituales ancestrales de la era pagana y abolidos en un concilio vaticano-.

Pero ellos creían que esta ceremonia era el sendero del discipulado, el ángel carmesí era el guía espiritual mediante el cuál se lograría el disolvente psíquico para destruir la escoria y dejar el oro puro.

Los novios, frente al altar hubiesen sabido qué hacer, ella tomaría del cáliz el dulce vino de misa y él trozaría la hostia y haría comulgar a los familiares mas próximos, un nuevo orden esotérico se habría celebrado, con un paraíso solo para la secta, excluidos los pobres, los esotéricos devotos de la virgen y los muertos eviscerados tirados en los pasillos del templo.

Tampoco podrían ingresar, aquellos seres que no supieran latín, con la sola excepción de aquellos ignorantes del nuevo idioma oficial, pero que gustaban de tatuarse los estigmas del flagelo. Los ateos, podían también iniciarse en los misterios, pero solo aquellos que no hubieran fumado el opio de Marx.

Luego se pintarían la cara con arcilla, evocando a los Titanes que comieron la carne de Dionisos y redactarían en latín un estricto reglamento de la ley divina, que sería repartido entre sus adoctrinados compañeros de misión evangelizadora y elaborarían la estrategia para ganar la nueva guerra de religiones.

Como es natural para su ciega creencia, la suya era la única fe, la única cara de Dios, todas las demás serían declaradas blasfemas y todos sus libros sagrados iban a ser quemados en un ritual de purificación por el fuego.

Pero nada de eso sucedió y la homilía del sacramento matrimonial, los unió para siempre y se fueron de la mano, con los testigos de la ceremonia y unos pocos invitados a una parrilla de fiestas a pocas cuadras de la parroquia.

Una vez que todos se ubicaron en las mesas redondas, 9 en total con 7 invitados por cada una, sin contar la de los novios con sus padrinos 2 suegras y 6 amigos, que hacían un total de 12 en la mesa anfitriona.

Los mozos, vestidos para la gala con camisa blanca, corbata de seda roja y un largo delantal de cuero negro, ingresaron al salón por una puerta de doble hoja, en medio de un estruendo de trompetas y de aplausos, con el brazo derecho levantado, mostrando a los invitados que ya habían escanciado una copa de vino, la exquisita especialidad de la casa: los crujientes “chorizos especiados al infierno”, ensartados en largos y filosos espetones con el sello de un ángel carmesí en la base de la hoja de acero.

Al menos una duda había sobre los rumores de la secta: luego de 3 años, nace el primogénito con una mancha “de antojo”, como decían las abuelas, en la parte supero-interna del muslo izquierdo de 6 cm de diámetro ortogonal. Era la figura o parecía la imagen de un ángel carmesí, tal la forma y la discromía de la mancha.

Algo singular y fuera de toda explicación racional, ocurrió en la ceremonia del bautismo, cuando el agua de la pira bautismal se tiñó de color carmesí al tocar la piel del niño, quien desencadenó en un largo llanto.

El joven sacerdote, no supo dar explicaciones y los padres cruzaron miradas y luego, sin testigos, escanciaron en copas de oro, el agua de la pira.

Y así, conjurando la arqueología de la fe con los secretos rituales de poder y de hegemonía de la secta milenaria, la saga del ángel carmesí continuaba comprando voluntades y conciencias sobre la tierra de los hombres, divididos por banales asuntos políticos y de caprichos bajo las sábanas, disfrazados de nueva teodicea.

Marcelo Ocampo
13 de febrero de 2011.

Imagen gentileza de: http://seres-de-la-noche-maharet.blogspot.com/

jueves, 27 de enero de 2011

Venía filtrando Tsunamis. (La venganza de Euríale)

Tsunami-Dic07-Técnica mixta sobre tablero-Santi.

En alguna playa, las sombras hexagonales, albergan estatuas que respiran flores de arena, en un apacible día de sol. Sin embargo, las ovejas de espuma blanca sobre las crestas de las olas y el viento del sudeste, anunciaban una luna con pollera y la inevitable lluvia desde las negras y eléctricas nubes.

Los diluvios escatológicos nunca fueron, pero siempre están ocurriendo en los mitos arcaicos y en las religiones monoteístas, como la alianza de Noé.
En esta época donde los hombres olvidaron las profecías y el arcano es a la carta, nada hacía presagiar una ola de puerto tan grande que iba mojar la pollera de la luna y que podía hacer encallar la balsa (el mundo) para siempre...

Ella venía filtrando Tsunamis, la voz del oráculo en el sueño, se lo había revelado, el fin del mundo estaba llegando. Lucy en efecto, venía filtrando Tsunamis, por debajo de las olas, con ojos de caracola y con piel salobre de foca, iba resistiendo, pero sus fuerzas iban mermando, una abertura tubular entre dos universos se había abierto y estaba justo en el medio ni adentro ni afuera, como un filtro de energía negativa, una quintaesencia de luz unánime que convertía el agua de la gran ola de puerto en espuma cuántica que filtraba hacia otro universo por una cesura tubular con extremos circulares similares a una trompeta de bronce.

A sus oídos llegaban los sonidos terribles del monstruo de cabellos glaucos resoplando por el agujero de unos caparazones de caracoles eviscerados. A medida que esto sucedía y la ola se dividía hasta el infinito, el cansancio de la luz, traía la incertidumbre acerca del triunfo del universo que conocemos.

En la playa, los hexágonos iban cambiando de forma sin perturbar a las estatuas que respiran flores de arena.

Un destino apocalíptico con olor a Océano, sonido hueco y envolvente, ecos de antiguas oraciones rituales en palacios de bronce debajo del mar y tumbas que se abrían dejando salir a las enfurecidas criaturas con escamas en sus lomos grises y sus cabezas fuera del agua con ojos que irradiaban plomo fundido, derritiendo las rocas de la costa, condensando la atmósfera, tatuando pájaros en el campanario de los vientos.

Entre el sonido caótico y ensordecedor, se colaba la voz posesa de aquella mujer, cuya sola mención inquieta: Euríale.

Ella mostraba su casa y su familia como un cuadro perfecto, sin revés, solo un plano cotidiano sin profundidad y de una sospechosa felicidad. Todo bajo control, nada librado al azar. Al fondo una pileta voladora, mitigaba el calor del verano y en invierno la calefacción central era ideal.
Euríale, ejercía el control absoluto mientras un dócil Manuel, en el quincho vidriado, asaba cada domingo unas magras y sabrosas colitas de cuadril en un ritual de penates y de penas.

La sombra de Apolo, en la proyección cotidiana, perfecta y adoctrinada, iba a ser amenazada por la ordalía adolescente, una de sus hijas había osado vestirse con una pollera cortita y azafranada, que había comprado para agradar a un chico con un tatuaje en el brazo.
Su segunda hija, trajo a un novio de la calle, con un secreto (de la calle).
Para su madre, ellos eran extraños, desagradables, salidos de un lugar que ella llamaba "Raredonia".

Manuel trató de acomodar las cosas como si se tratase de un cuadro torcido en la pared.
Pero ya era tarde, la distopía del adoctrinamiento interno, traía presagios de tragedias que ni el concilio de magos, ni los divanes terapéuticos podían yugular. Mucho menos las delicias sobre el colchón profano.
Manuel en apariencia distraído en su mundo de música y de fantasmas en el proscenio, empezaba a darse cuenta.

Para Euríale el orden era una obsesión, el caos por fuera del hogar la atormentaba por eso cerraba las ventanas y corría todas las cortinas para evitar que el desorden exterior infecte su sacrosanto hogar.
Pero no pudo mantener bajo control a las hijas, con las coronas de flores en el columpio de vértigo adolescente.
(Helena, Erígone, Ariadna, Antígona, las chicas, desde siempre, treparon cintas voladoras).
Los cánticos y el baile con la música de moda, inundaron su ambiente.
Los chicos en el patio, fumaban y bebían esperando a las muchachas. Eran capaces de mostrar alegría de sentir amor y de respirar libertad, algo inconcebible en el mundo de Euríale.

A medida que avanzaba la “ocupación” y llegaba la noche, el revés del tapiz sobre una de las paredes del living, empezaba a crecer por fuera de las márgenes del marco rectangular, invadiendo la pared adyacente como una enredadera caótica de lana e hilos deshilachados.

Loca de rabia, Euríale, tomó su instrumento preferido, la filosa tijera que había heredado de su madre y con frenesí, cortaba la lana y los hilos que crecían y se metamorfoseaban en serpientes amarillas y de fauces tan negras como una noche huérfana de luna y de estrellas.

Arrojó la tijera y con sus manos, tiró al piso el tapiz y luego rompió todos los cuadros con fotos de su álbum familiar, la sangre manchaba la pared y salpicaba el sofá de cuero blanco del living, sus puños taparon la salida de los parlantes donde murieron las sopranos.

Ella no sentía dolor, la anestesia era moral y corporal, en ese estado, hizo estallar los lentes que la suegra había olvidado y se atrincheró detrás de la puerta dispuesta a detener a toda persona que suba a su umbral.

Pero el olor a caracoles eviscerados venía de la pileta voladora, no desde la calle y los hexágonos con las estatuas que respiran arena, estaban en el patio de su casa.

Llena de bilis negra, su mente tramaba la venganza, para ello necesitaba un chivo expiatorio que lleve la mácula afuera de la casa: naturalmente fijó el blanco de sus maldiciones en Manuel. Ella se propuso: matar a Manuel.

En la playa, o quizás en la pileta voladora, Lucy, seguía filtrando Tsunamis, el fin del mundo estaba cerca, el diluvio que venía a purificar con agua lustral otra raza de hombres profanos.
Ilustración de Tozani

Julia la madre de Lucy, pese a los insistentes avisos de su hija, no era capaz de creer en el Apocalipsis.

Vestida con la piel salobre de foca, Lucy gritaba:- ¡mamá, viene el fin del mundo, por favor corre a un lugar alto y avisa a al tío Manuel que vaya a lo de la abuela, Euríale está armada y va directo a matarlo!

La madre de Manuel era la suegra de Euríale y la abuela de Lucy.
Por fin, Julia, ante la insistencia de su hija, deja de chatear con su amiga Marta, se pone a buscar entre sus contactos de mail a Manuel. Él estaba en su hora de descanso en el trabajo, tomando un café cortado, cuando en la pantalla de su notebook, (la lleva a todos lados) toma conciencia del peligro que corre y sigue las instrucciones que Lucy le enviaba a su madre por mensaje de texto desde su celular sumergible y Julia lo reenviaba por mail a Manuel: -Andá a tu casa materna, atraviesa el agujero en la pared (donde antes había una puerta), cruza el garaje y sin detener la marcha ni mirar a las banderolas de los cuartos, corre por la galería de serpenteantes baldosas amarillas, abre la puerta cancel y ciérrala una vez que estés en el zaguán, mirando hacia la calle. Cuando veas pasar a tu mujer (Euríale), desde los vidrios esmerilados abre una de las hojas de la puerta y vete corriendo en dirección al norte.

Euríale, vestida con un piloto de hule, llevaba en sus manos una pistola de madera con municiones redondas de acero. Llega al pasillo adyacente a la puerta imperial del zaguán y fingiendo estar descompuesta, logra que alguien le abra la angosta puerta del pasillo y a toda carrera, esquivando el juego de bases de los niños con pelota de goma, llega hasta el departamento de su suegra.

Antes de la muerte de la Bisabuela, al departamento se podía llegar por la casona de entrada imperial, luego de caminar por la galería hasta una puerta interior de acceso al departamento del fondo. Naturalmente, esa puerta como un cordón umbilical, comunicaba la casona de los abuelos con el departamento de una de sus hijas, la madre de Manuel .
Como suele ocurrir, la avaricia de una nieta, Aglaura, hizo apurar el negocio inmobiliario y la casona pasó a manos de otros dueños, quienes tapiaron la puerta del departamento del fondo. Solo se podía acceder a él por el pasillo de al lado, el cuál, era la entrada con el número que seguía en orden descendente a la casona contigua, según las normas municipales de la ciudad.
Siguiendo las instrucciones, Manuel cuando ve pasar a su mujer, escapa, por la puerta de entrada, del zaguán a la calle , rumbo al norte, con un merecido boleto de ida y vuelta a Broadway.

Entretanto, Lucy, al yugular el último Tsunami de olas vinosas, en el sótano del océano, sigue los pasos de Euríale y por el pasaje tubular antigravitatorio, llega a la casa de su abuela, justo en el momento en que la vengadora, con el arma homicida en la mano, atraviesa el agujero de brumas en la pared, en busca de su blanco: Manuel, quien ya no estaba allí. Al darse vuelta Euríale, el agujero del tiempo, queda en su campo visual como en un centro de presión negativa y se cierra transfigurado en piedra.

Lucy alcanzó a ver pasar a su bisabuela, en silla de ruedas, como una imagen fantasma, con jazmines recién cortados en una de sus manos y en la otra, un abanico de túbulos que irradiaban luz blanca. Una “mañanita” de lana de oveja, la abrigaba en punto cruz y aquella enfermera transparente, iba deslizando la silla de ruedas sin prisa mientras iba cantando alegremente la zarzuela preferida de su abuela: “La pastora”
La imagen se perdió antes que el agujero sufra esa especie de colapso gravitacional.

Lucy pone dentro de su mochila de terciopelo, restos del diluvio que habían quedado sobre el bargueño de patas de madera torneadas, y antes de partir, besa a su abuela, que contaba en su urna de arcilla, los días de duelo y de nacimientos.
Cuando se va, atraviesa el pasillo y ya en la vereda de la antigua casona, las sombras hexagonales albergaban a las estatuas que respiraban flores de arena.

Lucy in the Sky with Diamonds by ~SpiritOfTheShadow

Desde el proscenio del escenario giratorio, arrojó a la playa, la piel salobre de foca y se lanzó sobre el lomo del mar, en una cinta de caracolas voladoras, amarillas y verdes, respondiendo a aquel llamado, bajo un cielo de mermelada y estrellas de diamantes, con ojos de caleidoscopio.


Marcelo Ocampo
25/01/2011

domingo, 2 de enero de 2011

La Plata y los Muñecos de Año Nuevo. El ritual


En mi ciudad, La Plata, grupos de jóvenes se reúnen con un objetivo común, el crear el mejor muñeco, el más grande y el más bonito, para luego paradójicamente, quemarlos en una cosmovisión ritual de fuego, de brindis y de ordalía iniciática: un año muere y otro año nace.

Esta tradición platense tiene su origen en las culturas ancestrales, con su cosmogonía de tiempo circular, a-histórico, ligada al mito del eterno retorno en la ontología arcaica. La quema de muñecos es como una hendija, una cesura entre el mundo moderno, histórico, de civilización y de progreso y el mundo arcaico de muerte ritual y renacimiento.

Los muñecos están hechos principalmente de madera, alambre, cartón y papel. Adentro llevan mucha pirotecnia que es comprada través de rifas o simplemente pidiendo de casa en casa y también parando autos en el sector de construcción del muñeco.
Actualmente, estas esculturas compiten entre sí por premios otorgados desde la Municipalidad de La Plata.

Luego del brindis de las 0:00 la gente sale de sus casas y se junta a presenciar la quema entre las 0:00 y las 0:3
Previamente a la quema se realizan shows de fuegos artificiales y de bailes populares.

Un poco de historia

Los muñecos evolucionaron, se fueron perfeccionando año tras año. Desde el payaso con el letrero de "Cambaceres campeón 1956"; el homenaje póstumo al tranvía 14, en la despedida de 1966 o un gigantesco Juan Moreira como ofrenda a la película de Leonardo Favio. Porque los muñecos nacieron como homenajes "en vida".

Según las investigaciones del CID (Centro de Identidad y Desarrollo de La Plata) "estas expresiones demuestran que la globalización, paradójicamente, también achica al mundo y la gente necesita revalorizar sus pequeñas historias barriales, como ésta. Una manera de hacerse fuertes".

Los muñecos, de acuerdo a lo que cuentan, eran parte de una gran fiesta que empezaba en Navidad, donde las calles se vestían de fiesta con guirnaldas multicolores que colgaban de los árboles y con música que se pasaba desde un tocadiscos conectado a grandes bocinas colocadas también en los árboles.

Actualmente unos 20 días antes del 31, los chicos del barrio, sus familias, amigos comienzan con el armado de las estructuras de cada muñeco. Nunca se repite, de un año a otro, el mismo motivo.

De ritual y de Cosmogonía

La producción refleja el ritual que se repite todos los años en los calurosos días de fin de año, en los barrios de la ciudad de La Plata, cuando los vecinos despiden el año todos juntos frente a una enorme hoguera de madera y papel.

Emprenden así la reconstrucción de un sueño: la quema de muñecos que tiene sus orígenes en las antiguas costumbres de inmigrantes europeos, y que es re-significada como forma de construcción de la propia identidad.

Es la algarabía de la comensalidad, en la noche de nuevo año, con los muñecos en las esquinas de la ciudad, esperando su destino de fuego, muñecos que antes de morir calcinados, pierden la conciencia ahogados por el humo de la pirotecnia.

Pero un muñeco es un ser sin vida, a excepción de Pinocho, aquel trozo de madera parlante que reía y que lloraba frente a un carpintero, que soñaba con tener un hijo y al instante se dio cuenta que el muñeco jugaba a aprender a ser un niño. Lo lúdico y lo trágico tatuado en la carne y tallado en la madera, en la educación y en los valores, junto a la simbología del eterno retorno de un año nuevo y la combustión ritual de los muñecos, un diluvio de fuego y un renacimiento desde las cenizas, como aquel Fénix en el itinerario circular del calendario solar.

Es un rito de pasaje, iniciático y de purificación, un proceso que tiene antecedentes en varias culturas, el fuego como elemento que quema las impurezas. Los chamanes que conducen los actos rituales, son llamados los señores del fuego, pueden caminar sobre él, tragar brasas ardientes o tocar hierro al rojo vivo, sin quemarse.

¿Qué queda del mito arcaico?

En esta época histórica, reflexiva, de tiempo lineal y de fiestas paganas, no habría una regeneración del año como se creía en la ontología arcaica. Sin embargo, el clima de magia optimismo y festividad, flota en la atmósfera de los barrios y la quema de los momos o muñecos, es una purificación ritual a través del fuego, de las decepciones, las enfermedades, las pérdidas de seres queridos, las frustraciones, del año anterior.
Los muñecos con así los chivos expiatorios de todo lo malo del año que muere y la esperanza de un año mejor.
El bautismo de fuego, es la perfección de los comienzos y la memoria arquetípica de un paraíso perdido o la ilusión de la beatitud inicial. Por eso, la cesura entre los mundos arcaico y moderno, sigue abierta a la muerte, a la resurrección y la simbología de la purificación ritual.

Feliz 2011
Marcelo Ocampo

Fuentes

ELÍADE M. El mito del eterno retorno. Emecé Editores, 2006.

ELÍADE, M. Nacimiento y renacimiento, Kairos S.A., 2000.

http://salaamarilla2009.blogspot.com/

http://www.fba.unlp.edu.ar/

lunes, 13 de diciembre de 2010

CURIOSO ANDAR SINCRÓNICO (El hambre, la comida y Papá Noel)

-Una hogaza de pan-, dice la Morsa,
-Es todo cuanto necesitamos;
Además, pimienta y vinagre.
Ahora si ya estáis listas, queridas ostras,
Podemos empezar a comer-
Lewis Carroll, A través del espejo.

Maimónides escribió en el Levítico: la carne de cerdo contiene más humedad de la necesaria y demasiada materia superflua...Sus hábitos (del cerdo) y su comida son muy sucios y repugnantes. Tal vez Maimónides era un gran observador, un empirista racionalizando la zoonosis conocida como triquinosis con la ingesta de carne de cerdo.
Pero lo mas probable es que el cerdo al no ser rumiante y poseer pezuñas, haya sido un animal raro y tabú como en otras civilizaciones. Digo esto porque también Maimónides pensaba que las mujeres tenían 2 úteros como tenían 2 senos.
Un estudio antropológico de Mary Douglas, concluyó que los animales prohibidos son anómalos en sus clases y que las criaturas terrestres que reptan, las voladoras de 4 patas, o las que tienen pezuñas hendidas pero no son rumiantes, como el cerdo y el camello se alejan de la normalidad, necesaria para la santidad.
En Crotona procedente de Samotracia, Pitágoras el matemático y chamán, prohíbe comer al buey arador, porque está tan cerca del hombre que es como comer carne humana. Pero permite que ciertos seguidores de la secta, coman cerdo porque arruina las semillas de la diosa del cereal, Deméter; también permite comer cabra porque arruinan las vides del dios Dionisos.
En el andar, el cerdo fue tabú, pero también alimento y en las escribanías de la evidencia posmoderna, fue demonizado por la ciencia, ocurre que el paradigma afirmaba que su carne subía los niveles del nuevo enemigo, el colesterol, que tapa las arterias y enferma el corazón y la cabeza.
Pero curioso destino el del cerdo, en otra escribanía de la evidencia, fue declarado alimento sano y más aún, afrodisíaco, por eso el SENASA advierte acerca de no consumir cerdo con nuez apio y ginkgo biloba, por posibles efectos adversos tales como el incómodo priapismo doloroso.
En el reino vegetal, las habas son alimento de caníbales, porque son como hermanas del hombre, tienen forma de sexo, olor a sexo y son afrodisíacas. Pitágoras prohibió comerlas porque era igual a comer al prójimo.
El caballo como el buey, están muy domesticados y tan cerca de los humanos, que también, salvo hambrunas, estaba prohibido comerlos.
En este andar sincrónico de comidas y de tabúes, Moctezuma se lavaba las manos y comía tortillas de maíz y chocolate amargo en una copa de oro, acompañada de carne de muchachos asada.
Los españoles, prohibieron el pagano hongo alucinógeno del chamán porque era un instrumento del diablo; a cambio le dieron el vino de Cristo, que es la sangre de Cristo, que en la antigua Grecia, fue la sangre de Dionisos, el ígneo bebedizo de la madre tierra.
Y los indios aceptaron mansamente porque “vieron lo que creyeron”: los españoles eran dioses, como Quetzalcoatl la serpiente emplumada, que en verdad era Cortés y los jefes no encontraron la respuesta que flotaba en el viento de Bob Dylan. La comunicación simbólica se cortó, los dioses callaron y los españoles ganaron.
Pedro de Mendoza funda Buenos Aires llamada Puerto del hambre.
Ulrico Schmidl, escribió en su crónica “Derrotero y viaje a España y las Indias”:- fue tal la pena y el hambre que no bastaron ni ratas ni ratones, sucedió que 3 españoles robaron un caballo y se lo comieron a escondidas luego los colgaron y algunos españoles se los comieron, como al hermano de Ulrico en, 1535, día de Corpus Christi en Buenos Aires.
Luego vino la encomienda, institución de origen feudal que dispuso tierras para los españoles e indios para servirlos, y de ahí pasó el hambre a los indios.
Una bula del Papa Nicolás en 1455 dio a Portugal el derecho a reducir y conquistar a los paganos en África. Un llamado "telefónico" (llame ya) de los Reyes Católicos al Pope Alejandro VI hizo que este firmara (5) bulas dando los mismos derechos a España en América.
Un dominico francés del XVIII escribió sobre los "gustos" de los caribes: Los franceses eran los más ricos, los holandeses difíciles de digerir sin un aperitivo, los españoles de carne muy fibrosa. (Nadal)
Y llegamos en este derrotero sincrónico, a una Latinoamérica, donde el 10% de los chicos menores de 5 años tienen desnutrición aguda (bajo peso) y el 20% del mismo grupo etáreo tiene desnutrición crónica (baja estatura).
Buenos Aires sigue siendo el Puerto del Hambre. Las vaquitas son ajenas y la soja también.
Una novedad gastronómica, sudando crepitando y humeando sobre improvisadas y chorrientas parrillas callejeras en las canchas, en los actos políticos y en toda manifestación popular, es el chorizo de carne mezclada con soja, que estira la carne y el chorizo parece de puro cerdo, pero es el nuevo chorisoja.
El chorizo tiene soja, el caldo artificial, tiene soja, la lata de atún, tiene soja, la tentadora golosina, tiene soja y hasta la milanesa es de soja.
A la pregunta ¿Comiste soja alguna vez? Responde: sí, he comido.
La primera hamburguesa fue la de un médico, J .H Salisbury, quien en 1888 inventa unos pastelitos de carne a la parrilla, de un centímetro y medio con pimienta, sal, cebolla y verduras, (Salisbury Steak) para los enfermos de tuberculosis.
Pero antes, los guerreros mongoles llevaban carne picada bajo la montura de sus caballos que se iban cocinando con el calor del animal. (una especie de horno natural)
En el curioso andar, la hamburguesa se transformó en un negocio redondo e icono de la cultura posmoderna, de la mano de las cadenas Mc Donald´s y Burger King.
Por culpa de esta comida aderezada y acompañada de una buena porción de papas fritas hidrogenadas, bajadas del buche al estómago con burbujeante gaseosa, Papá Noel, que alguna vez fue Nicolás de Bari, un obispo flaco y bueno, se transformó en el gordo bonachón que todos conocemos.

¡Feliz Navidad!

Marcelo Ocampo