viernes, 29 de mayo de 2015

Agonía y metamorfosis de Nihil

La agonía de Nihil, duró 365,242199 días, posterior a una terrible colisión con un enorme reloj analógico, cuyas agujas se clavaron hondo en el pecho y un pedazo de vidrio, tatuó una cicatriz en su frente, encima de la ceja derecha.
 El terrible impacto, había acelerado las señales de las mitosis celulares que  terminarían por arrojarlo a otro universo.
En la agonía, Nihil,  tuvo un sueño profético: el 1 del binario 0.1, deprimido por sobreexposición de la imagen, se había suicidado arrojándose al vacío desde la tecla delete.

En la vigilia del primer día, todavía sonaba en sus oídos el  machacante tic-tac, tic-tac, de las vísceras mecánicas del reloj analógico.
Un cuerpo extraño incrustado en la conjuntiva de uno de sus  ojos, una vírgula de tiempo lineal, limitaba su campo visual, solo podía mirar hacia delante.
Afortunadamente,  la sucesión de divisiones celulares, hizo posible que su organismo, pusiera en marcha una extraña y singular metamorfosis gracias a la cuál pudo  rechazar el cuerpo extraño y cicatrizar las  heridas producidas por aquel  choque con la más perfecta máquina de la era industrial: el reloj.
Nihil, recordó una frase optimista de un  investigador andaluz en Biología del Desarrollo:
 “En la mitosis, como en la obra de Shakespeare, bien está lo que bien acaba”

Las aceleraciones mitóticas  que curaron su cuerpo, (la medicina no tiene respuesta ni certezas para esta forma de cura),  terminaron por darle el poder de deslizarse desde el anverso hacia el reverso de su foto de graduación, refugiarse en el negativo, que era el elemento vital de otro conjunto de reversos, como el del tapiz, con sus cables de venas, neuronas y arterias, era la tela, o sea, la mitosis tejida por la araña, pero sin la araña.
 Una infusión de caos por sobre una sobredosis de cosmos controlado por los panópticos, un Ser en el instante del eterno retorno, a cambio de una miserable exposición mediática.

Los pixeles hoy sobreexponen la imagen virtual que el panóptico exponía a sus reprimidos, mirando sin ser visto.    

Nihil  logró deslizarse de la foto, situarse en ese lugar  habitado por  criaturas fantásticas, cíclopes gigantes, sirenas que cantaban la guerra de Troya, centauros cabalgando en las montañas de Tesalia, Hespérides llorando la muerte de la serpiente.
Solo se vio estremecido hasta el horror, por el alarido de Medusa, con su cabeza cortada por el filo de aquella espada “civilizadora” del héroe Perseo, quien como Teseo, mataban monstruos en el nombre del Padre.   
Nihil, fue  testigo de la laboriosa tarea de Penélope, quien destejía y tejía la tela porque no sabía si Nadie, el cegador del cíclope, regresaría. 

Mientras todos estos fenómenos ocurrían en el Universo del acontecer simbólico, la foto seguía mostrando la misma falsa apariencia, la misma asepsia.
De ese anverso aséptico y perfecto,  Nihil, solo tiene memoria de “la nada en el centro de la imagen.”

Marcelo Ocampo

24/5/14

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