sábado, 14 de febrero de 2015

Violencia contra el personal de salud

Hay una  crisis de las palabras institucionales del juez, del médico, del maestro, hay una crisis en la relación paciente equipo de salud, hablamos de  chivos expiatorios sin  uniforme y chivos expiatorios con uniforme.
La falta de insumos, de medicamentos, las listas de espera, las guardias saturadas por falta de personal sanitario y por  mayor  cantidad de personas sin cobertura social sumado a otros factores como la inclusión desigual y el pensamiento dualista (paz-violencia, salud-enfermedad, gobierno-oposición ), el aumento en los costos de la medicina, genera estos estereotipos de chivos expiatorios. (Victimas sacrificiales en rituales paganos).
 Ambos son el álter ego de un sistema de salud desbordado, donde falta la mirada del espacio relacional o ámbito donde se desarrolla la violencia: el tercero incluido entre alter y ego.      
No cierra en  lo simbólico, se abre al infinito la solución de conflictos, porque ya no hay, como en las sociedades arcaicas, ritos  de purificación en espacios sagrados.
Asomamos con perplejidad a la  posmodernidad o modernidad líquida, donde los valores tradicionales nos hunden en la incertidumbre.
Un conflicto de intereses hoy debería resolverse sin violencia por un diálogo o ética de la responsabilidad sin caer en la trampa de la razón fundamentalista donde no se escucha la razón del otro.

La violencia institucional que ejerce el estado, por ausencia,  genera violencia en la sociedad: el estado pierde la capacidad que tuvo en la modernidad sólida de monopolizar la violencia, sacarla de las calles, de los espacios de relación, como una vuelta a las calles de l edad Media. Y cuando se hace presente (EL ESTADO) es con escudos, gases, cachiporra e hidrantes.  Y donde se vende droga hacen la vista gorda.

En los barrios carenciados, la violencia es desencadenada, empieza en la casa, sigue en el barrio y llega a lo que antes era “sagrado”: la escuela,  las ambulancias y el guardapolvo blanco.
Los ricos se encierran en barrios privados, (como en la edad Media detrás de las troneras), los de media, en la cuidad “de la furia” (Soda Estéreo). Hay una fuga de los medios altos  a las clínicas privadas a los colegios privados y nadie advierte que los narcos avanzan con el paco y otras yerbas no medicinales en todos lados. -La próxima vez que lo vea con un porro le rompo los dedos… lo encadené a una cama para que no salga y se ponga a fumar. Una madre del paco (Auyero y Berti). 
Pregunta que excede este artículo: ¿Despenalización de la droga ya despenalizada? ¿Un manjar de los Dioses o un Jardín de los Monstruos?    

En la modernidad sólida, el paradigma de la relación médico paciente era paternalista, desde Hipócrates hasta los años 60  donde el paciente era “sometido” por la autoridad del médico. 
En la modernidad líquida el paradigma de la relación,  es la autonomía del paciente, la introducción del sujeto moral, con el derecho a intervenir en las decisiones diagnósticas y terapéuticas ahora conversadas con el médico, como una suerte de “toma de la pastilla” en alusión a la toma de Bastilla”  (Mainetti)

Una señora comenta en un negocio del barrio: -frente al diagnóstico del médico, me fui a  googlear a ver si era verdad.
Vale como ejemplo de la erosión en la relación con el médico y el avance tecnológico de las redes sociales y de información por  Internet, donde la barra de Google es el nuevo oráculo de Delfos.
Es  menester recordar las últimas palabras de Sócrates,  mas eficaces que  las quejas por la inseguridad y de los botones antipánico: “debemos un gallo a Asclepio, págaselo Critón” 

Marcelo Ocampo
13/2/2015

Bibliografía consultada:

1. Auyero y Berti. La violencia en los márgenes. 2012. Katz. 
2.  Bauman Z: Daños colaterales. 2012. FCE.
3. Caviglia F. Violentología., 2011. Ed. Ciccus.    
4. Girard, R. La violencia y lo sagrado. 2012. Anagrama.
5.. Mainetti JL. Comopendi Bioético.2000. Quirón.    

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