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Caronte. Escultor Gustavo Castro Venturini |
Ráfagas de tenue luz penetran por las persianas de la ventana que da a la calle y veo desde el interior, la carrera de las hojas en la maratón ocre del sol de otoño, son del viento, como sonetos breves hechos de pájaros muertos.
En el atardecer, de un día de comedia familiar en las plazas de la ciudad, mis pupilas, ciegas por la inclinación perfecta del sol, solo ven sombras de las sombras y muertos de otoño que no proyectan su sombra.
Y sin embargo, nadie ve a la viuda de otoño, barriendo y llorando a los cadáveres que no le pertenecen: las hojas del viento.
Ráfagas de almas en busca de nuevos cuerpos, han bebido del agua del olvido.
Un nuevo visitante a las orillas de Estigia, trae un pastel para el can Cerbero, que es muy goloso y dos óbolos para el barquero Caronte.
Los muertos de otoño, cantan en coro el lamento de los corderos del Génesis y de las ovejas de la Odisea, en la cueva del Cíclope, la sustitución del sacrificio ritual por animales, se ha desplazado a las personas, ya carece de sentido lo divino y entonces la vida nuda es la nuda violencia.
El festín de cadáveres exquisitos, no ha saciado el canibalismo y Caín el agricultor, mata una y otra vez a Abel el pastor, sin los favores ni la presencia de Dios.
Las palabras que pronunció Caronte, el viejo barquero, con permiso de sepulturero, fueron:
“A todos los deudos de los muertos de otoño, les sienta bien el luto, vayan cocinando un pastel y ahorrando dos óbolos, eso vale un día eterno en los campos de Asfódelos”.
Marcelo
3/5/2014
4 comentarios:
Por allí muere una estación y por aquí renace otra. Nace-morir, morir-nacer. Es lo que da sentido a la vida. Tu relato es maravilloso. Un auténtico placer leerlo. Feliz día de otoño, Marcelo
Gracias hada, si bien es pesimista, porque se refiere a una metáfora sobre las hojas y las personas, hay una esperanza en las ráfagas de almas que buscan cuerpos: nacimientos
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